sábado, 4 de abril de 2026

Estan ahí

No sé si habrán visto "Los otros", 2001, una peli hispano-estadounidense, escrita y dirigida por Alejandro Amenábar, que se desarrolla en la Isla de Jersey, allá por 1945. Si no la han visto, la recomiendo, igual que aconsejo volverla a ver.

Nos situa en el contexto del término de la II guerra mundial. El marido de Grace no vuelve, y ella se encuentra sola en un aislado caserón victoriano, donde educa a sus hijos dentro de rígidas normas religiosas y les impone una regla de oro: mantener la casa en penumbra. Al final, esta orden se romperá. Y para saber más hay que visionarla.


Todos siguen ahí y se pasean por mi cabeza sin control. Unos días vienen y se posan en lo que toco o donde miro, y otros van como a hurtadillas enredados entre mis neuronas, pero siempre laten fieles dentro de mi corazón.

Recuerdo a Cándida con amor. Era prima segunda de mi madre, pero para nosotros, los niños, era tía Cándida. Era de estatura media y guapetona. Nació en la primera década de mil novecientos. Era religiosa y aunque acudía a misa con frecuencia, no era mojigata, y con ella mamá hablaba abiertamente y se reía igual, sin tapujos. Cuando llegaba el santo de papá , siempre le traía galletas y en ocasiones también mantequilla que preparaba ella misma.

No le conocí pareja alguna y vivió siempre a su ritmo, sin sentirse una solterona, que por aquel entonces era lo habitual, hasta que fue tan mayor que tuvo que trasladarse a un piso compartido con otra de sus hermanas. Alcanzó, que yo sepa, los 102 años y totalmente lúcida, y recuerdo que los últimos años, antes de mudarse, subía las tres plantas de la casa familiar, en La Laguna, a cuatro patas para no caerse, pues la escalera era muy empinada y ella habitaba en la buhardilla, en un mini piso muy acogedor, luminoso y lleno de plantas. Amaba su libertad y su independencia. Los últimos años que vivió de manera autónoma, papá le hacía la compra y se la llevaba porque ella ya no podía con las bolsas.

Siempre parecía feliz y siempre mostraba un rostro amable. Era de cultura inquieta y buena lectora. Y se carteaba con sus hermanos que emigraron a Puerto Rico, o se hablaban muy de tiempo en tiempo por teléfono. Y es que antes, las comunicaciones no eran como las de ahora, en la que todo es instantáneo. También disfrutaba calando, haciendo bolillos, ganchillo o bordando. Mamá iba a verla varias veces por semana, y pasaban la tarde entre charla y silencios, acompañadas de un té, mientras trabajaban de forma mecánica sus labores. Algunas veces yo las acompañaba, pero no logro recordar en qué me entretenía, porque por aquel entonces, tendría unos doce años, aún no me había entrado el gusanillo de tejer aunque ya había aprendido a hacerlo, quizá me dedicaba a dibujar pues eso lo hacía a todas horas.

Mi recuerdo en este mes de abril es para ella, por ser una mujer que rompió moldes y estereotipos. Chapó por Cándida.


 



miércoles, 4 de marzo de 2026

Trebina

La primavera comienza cuando en el mes de marzo se igualan las noches con los días, y el otoño, cuando en el mes de septiembre otra vez se igualan los días con las noches en un eterno bucle hasta el fin de los tiempos.

Se lee en Cervantes, [Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha. Segunda parte, Capítulo LIII]: «La primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua».

El muchacho corre delante de sus padres, pero de cuando en cuando recoge trebinas de las que crecen por el camino. Esas flores amarillas, devuelven una hermosa imagen del campo aunque son una plaga y se extienden por todas partes, entre los árboles, casi todos frutales, las chumberas y las piteras. Un campo amarillo limón que brilla al atardecer según los rayos se reflejan en él. Un mundo con un punto nacarado que encandila los sentidos. Huele a campo, a tierra húmeda y a flores silvestres, y los insectos, mientras persistan los rayos de sol siguen con su labor sin rendirse.


El chico va masticando algunos tallos de sabor ácido, pero que así y todo, le gustan. Este acto le hace sentirse mayor, igual que echar carreras consigo mismo, pues el todo es superarse. Y va de aquí para allá como las abejas, en un no parar, resoplando vaho porque hace frío.

El ramo cada vez engorda más, pero al tiempo, los tallos se van volviendo flácidos, y las flores se van cerrando y se convierten en pequeños tubos cilíndricos de color limón, que son como una extensión del tallo verde y casi blanco cerca de la raíz. Todo matices.

Al llegar a casa lo suelta sobre la mesa de la cocina y al rato, cuando repara de nuevo en él, pregunta -qué podemos hacer con el ramo-. Sus padres se miran sin saber qué decir, y al final optan por dejarlo en un recipiente con agua en el jardín, quizá alguna flor vuelva a abrirse.

A la mañana siguiente para sorpresa de todos, las flores se han abierto, porque la magia del sol y el agua han surtido su efecto, y es que la primavera se acerca con pisada firme.




 

miércoles, 4 de febrero de 2026

Rotonda

 A veces nos aburrimos a conciencia. 

Aquí estoy, tomándome un jerez, servido en aquellas copitas antiguas de cristal tallado, pequeñas y estrechas, nada que ver con las de ahora. Las mismas copas que utilizábamos mi padre y yo, mientras picoteábamos antes del almuerzo. Paso el tiempo observando por la ventana. Hoy el día está feo y el cristal me devuelve turbio mi reflejo, más arrugado que ayer. 

Si, aquí estoy, bien abrigada porque aún no llega la primavera y hace frío.


De pié en la esquina de la calle hay un peatón. Al principio pensé que quería cruzar, pero lleva ahí mucho tiempo y ya ha tenido la oportunidad de hacerlo varias veces. Además, me pregunto hacia dónde iba a ir. Está justo en uno de esos accesos a la rotonda. Una de esas glorietas enormes. Por lo menos, la plazoleta, si se puede llamar así, no tiene una de esas esculturas, por mentarlas de alguna manera, que afean el entorno y de las que uno nunca sabe qué conmemoran o si quiera, de qué tratan o cuál fue en su día el motivo que hizo que la erigieran en ese lugar.

A veces me da la sensación de que quiere abalanzarse sobre los coches, porque se arrima de repente al borde cuando pasan. Esto no me está gustando.

Parece una mujer, desde aquí no la distingo bien. Lleva pantalones vaqueros y un ancho chaquetón con la capucha puesta. Me resulta raro verla ahí quieta, aunque a veces camina de un lado para otro sin motivo aparente.

Me parece intuir que llora. Se pasa las manos por la cara de vez en cuando. Y la supongo enmudecida por el ruido de los coches que no cesa, y sola.

Voy a bajar para ver si necesita algo. Se va a quedar empapada porque ahora encima llueve. Bajo las escaleras todo lo deprisa que puedo con mis zapatillas de andar por casa, porque la he visto indecisa, e inclinarse más de lo razonable fuera de la acera. Espero que no esté pensando lo peor. Y cuando estoy a punto de llegar a ella, se pone sin prestarme atención, a dar saltitos y a aplaudir. Un coche se arrima a la acera, se sube en él y la miro atónita, cómo da besos y abrazos al personal. Qué fallo el mío, y encima me he mojado toda por entrometida. 


 


domingo, 4 de enero de 2026

Alienígena

El Principio de incertidumbre de Heisenberg, dice que cuanto mejor conocemos la posición de una partícula cuántica, menos conocemos su momento, y viceversa. En resumen, se podría decir, que la forma en la que miramos las cosas, afecta a lo que creemos ver.

Eran alrededor de las siete y media de la mañana. Subía la pendiente con los perros, despacio, como quien sube la cuesta de enero, cuando para sorpresa mía, apareció doblando la esquina, una señora con sandalias y cara soñolienta. Al principio dudé de si lo que llevaba puesto era un vestidito de verano, pero según nos acercábamos deduje que iba en camisón, por el corte y la transparencia del tejido, pues claramente se le dibujaban los pechos libres de las ataduras del sujetador y unas bragas floreadas.

Cuando nos encontramos me miró con ojos de sapo y un tanto recelosa. Yo aparté los perros un poco y le di los buenos días, y ella muy seria me correspondió, y sin mostrar reparo alguno y con gran soltura, siguió su camino cuesta abajo. Luego me quedé con la duda de si debería de haberle preguntado si necesitaba algo, pero es que tampoco tenía muy claro si es que le importaba un pimiento ir así o es que no sabía muy bien lo que hacía. Y es que adentrarme en ese terreno pantanoso, en el que quizá seas tú la que siente algún prejuicio por cómo se puede ir por la calle no me parecía oportuno.

El barrio es grande y está en las afueras, en pleno campo, y la gente, entre vecinos que se conocen de toda la vida, se comporta de otra manera diferente que en la urbe. Con otra familiaridad, como de andar por casa.

Los perros tiraron ansiosos para llegar al descampado y que los soltara. De manera que pasó el momento y yo seguí mis andares. Luego pensé que a lo mejor no esperaba encontrarse a nadie por allí a esas horas e iba de cualquier manera, a buscar algo a casa de una vecina. También que podía venir de visitar a un fogoso amante, o que se acercaba a casa de una hija para recoger al nieto, hasta que en ese cuerpo entrado en años y algo fondón, se había asentado un alienígena que iba calle abajo observando el mundo. En fin, que el encuentro dio para mucho juego y cuando llegué a casa, aún seguía dándole vueltas, huyendo de la idea de que la señora pudiera estar realmente despistada.

No me he vuelto a encontrar en camisón a nadie más. También es verdad que esto fue en septiembre, y que ahora por esta zona nos despertamos a unos ocho grados y sería toda una valentía salir sin abrigo. De todas formas, también puede ser, que los alienígenas, terminado el reconocimiento del terreno, se hayan vuelto a su galaxia. No sé qué pensar. Todos somos a fin de cuentas, polvo de estrellas.


 










jueves, 4 de diciembre de 2025

Desgraciado

Las anécdotas dan pie para muchas ideas y cada quien las concibe de una forma diferente, como cuando te cuentan un chiste y cada cual lo revive imaginando la situación a su manera, y se ríe o no a carcajadas. En mi caso, me sugieren ideas sobre las que escribir o pintar.


Me gusta escuchar la radio sobretodo por las mañanas, y a mediados del mes pasado, en Radio Clásica, en un programa llamado “Música a la carta”, en la que en esa ocasión hablaban de desayunos y preguntaban al oyente, qué suele tomar la gente por las mañanas, un señor comentó algo muy ocurrente y que quiero compartir:

Decía que todos los días se desayunaba en la misma cafetería, que estaba situada cerca de un hospital y que cuando era niño regentaban sus padres. No sé si mezclo el bareto donde iba con otra mención en el programa, pero así está bien. Bueno, pues desde hacía unos años, empezaba el día tomándose lo que él llamaba un “desgraciado”. Me sorprendió el comentario, la verdad, pero luego el señor explicó en lo que consistía, y que no era otra cosa, que un café descafeinado con leche desnatada, y un edulcorante para endulzar.

Pues bien, yo llevo tomando “desgraciados” unos cuantos años, y no me había enterado, como supongo le pasa a media humanidad, jajajaja. La única diferencia, es que yo no los endulzo con nada y suele ser el único café que tomo en todo el día, y por qué les cuento todo esto, pues porque me parece que no tiene nada de particular, si no simplemente, tiene la importancia que le queramos dar.

La anécdota me pareció brillante y por eso la comparto y también porque desde hace años, y casi sin darme cuenta, vivo la Navidad como si tomara un “desgraciado”, y no sólo por la comida, en la que soy más comedida en cuanto a grasas y azúcares, sino por las actividades que se realizan por estas fechas. Todo ahora lo vivo más lento, que no necesariamente más light, pues saboreo intensamente cada momento, sino, cómo lo diría mejor, viendo la película desde fuera, observando en profundidad, y no hablo sólo de la Navidad. En fin, ustedes me perdonaran el lapsus, supongo que son cosas de la década de los sesenta.

Espero que con desgraciado o sin desgraciado, celebremos los almuerzos y cenas familiares, y o entre amigos, o solos, según las costumbres o las circunstancias de cada uno, atesorando el ambiente propio de este diciembre de 2025, que debería estar empapado de cariño y paz.

Felices Pascuas y Año Nuevo, que para felicitar los Reyes aún tenemos tiempo.


 












martes, 4 de noviembre de 2025

Se esconde

Hay trabajos y trabajos... Yo fui siempre al trabajo sintiendo la sensación de que me pagaban por hacer algo que me encantaba y que no me suponía ningún esfuerzo, y esto me genera un cierto cargo de conciencia, pues fui feliz cumpliendo mi cometido y encima, me remuneraban por ello. En fin, que no se puede pedir más.


 

Algo se movía entre los hierbajos secos de finales de verano. Tiró de la correa extensible con fuerza, con el rabo y las orejas erguidas.

¿Qué era aquello? Uhuhuu. Saltaba divertido. Eran saltitos cortos, pero altos. Al caer, flexionaba las patas delanteras de manera que el culo se le quedaba en pompa. Parecía un muñeco de cuerda de los antiguos.

Sin aviso de nubes negras, empezó a llover. Por fin la esperada lluvia. Al perro en cuestión no le gustaba mojarse, ni en los charcos, ni con las gotas por pequeñas que fuesen, pero le podía el instinto y siguió jugando. El ratón, porque de un pequeño ratón de campo se trataba, parecía también divertirse. Se escondía y volvía a aparecer, en un largo me ves y ahora no me ves, bastante ufano él, sabiéndose más ágil y rápido. Ninguno de los dos parecía agotarse, como dos niños entusiasmados, ensimismados en un juego interminable. Y hasta el repiqueteo suave y espaciado de las gotas les acompañaba en el intermitente juego. Ahora sí, ahora no.

Y hubieran seguido otro rato, salvo que un poco más adelante, un saltamontes hizo acopio de su nombre, molestado por el jaleo, y el perro centró entonces su atención en aquel bichejo que también saltaba.

El ratoncillo se volvió a su madriguera, y el saltamontes en un pis, pas, desapareció. Pero de pronto, otro ratoncillo, ¿o era el de antes? se unió de nuevo al festejo. Todos a saltar, como las gotas que ahora, un poco más fuerte, repiquetean en el suelo y salpican por doquier.

Los colores se vuelven más intensos, en ese abanico de marrones que pasan por el naranja y llegan hasta el rojo. Noviembre se ha vuelto festivo y todo vibra. Aunque ahora sí que toca cobijarse, pues el agua empieza a ser molesta.

Al perro dejan de llamarle la atención los sonidos y movimientos del campo. Y hace un par de sacudidas enérgicas, como sólo estos animales saben hacer. Esto moja. Y esta vez tira de la correa pero hacia casa. Toca regresar en busca de un canasto seco y calentito y ¿por qué no? A lo mejor lo premian con una galleta o un hueso. A fin de cuentas, no ha parado de trabajar.


 










sábado, 4 de octubre de 2025

Pasos de otoño

Hay quien siempre es viejo, nace viejo y pasa la vida siendo un vejestorio, con mentalidad arcaica. Y también quien nace niño, y siempre, aunque su cuerpo envejezca, tendrá espíritu para vivir cada día con ilusión. Estos seres, son los más afortunados.


En la pesada tarde, las finas cortinas balancean sus flores que intentan escapar por la ventana.

  • ¿Cuantos años tendrá esta casa?

  • La dirección es esta. Sigue insistiendo con el timbre, seguro que hay alguien porque tiene algunas ventanas abiertas.

  • Menos mal que corre algo de aire, porque con este calor hasta las cigarras se callan. Menudo otoño.

  • Toca otra vez.

Pero antes de hacerlo, una cabeza cubierta de rulos, se asoma por una de las cristaleras.

  • Ya vaaaa. Qué agobios. Hace calor, pero no es para tanto. -y murmurando por lo bajo- Y han tardado más de tres días en aparecer.

  • Cómo se nota que la doña está al fresco.

La puerta se abre y la señora ya sin rulos y con uniforme de asistenta, empieza a hablar sin apenas saludar.

  • Antes, bueno... ya no les esperaba. Los señores no están. A quien tienen que recoger es a la tía del señor. Le han dejado las maletas listas, y yo estoy aquí para atenderla. 

    Es una dama muy amable y no molesta nada. Solo que... bueno, todo empezó un día en el que al mirarse al espejo descubrió en él a una señora, y después, pues no había quién la sacara de la habitación. Decía que dentro, había una mujer que se escondía. Fíjense ustedes. Nos quedamos todos de piedra. Entonces, se dio orden de quitar el espejo, y todo volvió a la normalidad durante un tiempo. 

    Pero una noche, se empeñó en que no se iba a la cama mientras no se acostaran todos, y es que había descubierto a una señora muy arreglada en el salón, que la miraba muy fijamente y que le parecía una descortesía dejarla sola. -Ya les digo yo, que la señora tía del señor es muy cortés y afable- De manera que se taparon los espejos que estaban a la vista. Y la casa quedó como si viviéramos de luto permanente en la época victoriana, -siglo XIX, que una lee novelas románticas-. Y como antes, la vida siguió su curso, pero de nuevo, y cuando ya nadie se lo esperaba, una madrugada empezó a gritar en el baño porque había encontrado a una mujer a medio vestir frente al lavabo. Los alaridos de terror nos dejaron a todos sentados en la cama primero, y corriendo hacia el lugar desde donde provenían los gritos, luego. Y claro, fue la gota que colmó el vaso.

  • Pobre mujer, no se preocupe que la trataremos bien y estará cómoda.

  • Ella ahora sólo nos reconoce a ratos. La mayoría del tiempo está en su mundo, tejiendo. Los señores irán a visitarla pronto, pero no querían estar aquí... Ustedes me entienden.

  • Claro que lo entendemos. La vida a veces se vuelve desesperante y cruel.

Cuando por fin el coche arranca, la asistenta llorosa, dice adiós desde un balcón aunque nadie mira, y las cortinas floreadas siguen ondeando en la ventana.


 













jueves, 4 de septiembre de 2025

A empujones

En esta ocasión nos adentramos en septiembre, sumidos en el traqueteo de vuelta a los desplazamientos forzosos y a las rutinas.

Hay tantas formas de viajar como se nos puedan ocurrir, pues no sólo podemos hacerlo físicamente, sino también con el corazón o con la imaginación en un viaje, dentro del viaje... así es que, buena travesía.


Entró en la estación produciendo un fuerte chirrido que se quedó flotando en los oídos, junto al calor pegajoso de aquel mes de temperaturas record.


El andén estaba lleno y la gente, que antes parecía ensimismada y agotada, se agolpó a ambos lados de las puertas en cuanto la máquina se paró, y como si fueran muñecos articulados, unos salían y otros entraban a toda prisa.

Ellos, en un país desconocido, de lengua extraña, y aunque les sudaban las manos, iban bien agarrados. La masa los empujó hacia el interior del vagón, casi levitando, sofocados, apretados entre cuerpos extraños y envueltos en mil sudores.

De pronto, y a punto de que se cerraran las puertas, alguien empujó desde el arcén con fuerza para hacer más hueco, tarea que parecía de por sí imposible pero que surtió efecto, y con el embate, como una ola desesperada, entraron incomprensiblemente más personas, y entonces fue cuando sus manos se separaron, y de repente, el otro ya no estaba.

Tanto él como ella quedaban en altura por debajo de la media y se perdieron de vista enseguida. La maraña humana los arrastró alejándolos, sacudidos por las envestidas de la máquina. Para una persona bajita o para un niño, encontrarse entre una multitud en la que no ves mas que hombros, barbillas, axilas, bolsos, brazos y barrigas, resulta más que agobiante. Sin hablar del calor humano que se genera, y que te seca la boca y no te deja respirar.

Pero afortunadamente, cuando tenemos limitaciones, también desarrollamos formas de adaptarnos al entorno. De manera que a ella se le ocurrió que si por arriba no podían verse, quizá si podrían hacerlo por debajo. Y así fue como mirando al suelo, entre embates, paradas, sacudidas, empujones y entreviendo entre tantos zapatos diversos, reconoció los de su compañero y por fin se abrazaron. Siguieron con el susto en el cuerpo y empapados en sudor, pero unidos, y ya no se soltaron más hasta que llegaron a su destino.


 



viernes, 4 de julio de 2025

¡Ay qué pena me da!

 

Cada día surgen nuevos propósitos y también decepciones. Y aunque algunas ideas las llevas barruntando tiempo y viven soterradas en nuestra cabeza, otras, por el contrario, surgen sobre la marcha de forma inesperada, hasta sorprendernos.


¡Ay qué pena me da!

Y es que me encanta el color naranja. ¿Y a qué viene esto? Pues a que tengo en mente a una persona y esto hace que el naranja encienda mi cabeza. Eso, y los adjetivos engreído, prepotente, déspota, intransigente, soberbio, racista, egoísta, machista, falso, mentiroso... y la lista seguiría. 

Y no quiero cogerle antipatía al naranja, y por eso se me va quedando una penita muy adentro.

¡Ay qué pena me da!

Llevo tiempo pensando en hacer algo de ejercicio en el exterior. Y ahora que por fin me decido, todo se confabula contra mi poca voluntad... y es que llueve a cántaros. En un comienzo de verano, taciturno en estas latitudes, el cielo se viene abajo, caen chuzos de punta o como cada cual quiera expresarlo. Y de verdad, es que se me queda una penita aquí dentro.

¡Ay qué pena me da!

Entre unas cosas y otras, entre lo que quiero y no puedo, y entre lo que puedo pero no quiero, me siento enredada como el jazmín en la verja del jardín. A veces los propósitos se desvanecen como pompas de jabón, y la impotencia nada a sus anchas. Y por eso, se me va quedando una pequeña penita dentro.  

¡Ay qué pena me da!

En fin, serán cosas del mes de julio.


 



miércoles, 4 de junio de 2025

La lista del mes


   El verano es una época distinta porque nuestros hábitos cambian y todo se siente diferente, pero en ocasiones, en lugar de descansar y disfrutar de los momentos que se nos presentan, nos agobiamos, independientemente de que estemos de vacaciones, o tengamos que trabajar, porque este año el asueto nos toca en otoño o en invierno. 

De manera que para eliminar la ansiedad, propongo lo que he llamado la lista de tareas del mes, con la intención de que nos ayude a cambiar el chip y frenar un poco, y que cada cual, seguro que podrá adecuar y variar según sus apetencias o circunstancias. A ver qué se nos ocurre. 


  

Saborear el aroma del mar, 

de las comidas con la familia o los amigos, 

del pincho a media mañana,

del romero y la retama en flor,

 y de las noches de estío.

 


Y celebrar el verano, 

disfrutar de una ducha fresca, 

de la espuma de las olas, 

de sentarnos con las piernas en alto, 

de la lectura, 

de una peli, 

y del descanso.

 

Felices meses de verano 


 

 

viernes, 9 de mayo de 2025

A Pablo

 

Había decidido no publicar este mes en el blog, pero de regreso a casa en el avión, me puse a escribir unas palabras.


Mi madre decía que el amor o la amistad, cuando se rompen, lo hacen como si fueran de cristal, y aunque se puedan juntar los pedacitos y pegarlos, siempre quedará la marca, como una cicatriz en el corazón; y que el mismo planteamiento nos sirve para muchos otros aspectos de la vida.

Pero no siempre se quiebra el amor por un desengaño, una mentira o una traición. También se rompe por una ausencia. Cuando esto ocurre, en cualquiera de los casos, nos tocará juntar los trocitos y aprender a vivir con los recuerdos que componen la cicatriz, para honrar, si es el caso, la ausencia del que ya no está, y vivir con dignidad, sin derrotarnos, hasta que sintamos de nuevo las ganas de pedalear con fuerza, como solía hacer Pablo, en lugar de dejarnos llevar.

Decirte adiós se nos hace cuesta arriba para todos los que te conocimos. Echaré de menos tus comentarios en el blog, tu risa espontánea y tus shows cuando nos juntábamos en grupo. Fuiste amigo de los amigos y me consta que buen compañero, y también un hombre honrado, con todo lo que implica la palabra. Un estupendo atleta, un aventurero incansable, y un ser alegre, solidario, sabio, y muchas otras cosas buenas que yo soy incapaz de resumir en pocas palabras.

Termino enviando junto con estas letras, un abrazo para reconfortar a los que se quedan y otro grande para ti, que has emprendido el viaje sin retorno que todos tenemos pendiente. Espero, al menos yo quiero pensarlo así, que puedas echarte unas risas con Guillermo y Coti, que marcharon antes que tú con la pandemia.


 Hasta siempre

viernes, 4 de abril de 2025

Dibujo

Te miro, y aunque pasan los años, sigo viendo al hombre amante de la historia y de la vida, que me enamoró.

Te miro, y veo a aquel chico nervioso que me esperaba tras la puerta en la terminal de pasajeros.

Te miro, y siento a aquel que desde entonces enlaza su mano junto a la mía, me abraza con la mirada y me besa con sus palabras.


Te conocí un mes de abril

y desde entonces,

mientras el tiempo avanza,

esbozo una mano que te espera,

trazo unos labios que te anhelan,

pinto la piel erizada

y el pelo alborotado.

Y te dibujo a ti amor,

que me besas y me abrazas.


Para mi Ángel






martes, 4 de marzo de 2025

Espuma

Cuando nuestra vida es confortable, normalmente queremos seguir como estamos, sin variaciones, aunque puede que hasta se nos olvide ser felices por el exceso de confort. Pero a veces necesitamos una pausa, una pequeña parada, una vuelta para analizar la dirección hacia la que nos dirigimos, y otras, precisamos de una metamorfosis completa, porque la vida no siempre es un camino lleno de amapolas.

 

Me dices que te cuente cómo va mi vida y si al final he alcanzado la felicidad... Los cambios en ocasiones son necesarios, y yo tras tocar fondo, lo necesitaba. Ya no soy aquél urbanita del que guardas memoria. Ahora vivo en una casita pequeña con lo imprescindible y casi aislada en todos los sentidos. No tengo tele, pero me acompaña la radio mientras estoy en casa, y ahora se que se puede vivir sin redes sociales. Viajo mucho, casi siempre dentro de mi cabeza y ahora escribo todos los días. A veces también pongo música a todo trapo, pues no tengo vecinos a los que importunar y eso mola. Además me paso el día caminando, sendero arriba y sendero abajo. No lo hago por nada en especial y tampoco me acompaña nadie generalmente, salvo mi perro Escoti, que ya sé que tiene nombre de marca de papel higiénico, pero a él no parece importarle. Es muy vivaz y alegre, y en lo que yo camino tres metros, él ha dado veinte vueltas y me hace sonreír. No hay nada mejor que sentirse joven.


He descubierto que me gusta ver amanecer y atardecer sentado sobre una roca. Escuchar los sonidos del campo, del bosque que llega hasta aquí cerca, y de la playa que me queda a media hora de caminata. Ésta última en invierno, tiene un no sé qué de intimidad y de soledad buscada, que me ilusiona. Supongo que me atraen los sonidos que la acompañan, la música de los guijarros rodando empujados por las olas, los gritos de las gaviotas y el viento que sopla a menudo.


Y me preguntas si soy feliz, pues diría que la armonía y la paz interior me llegan a ratos, y aunque también a ratos languidezco, creo que eso, amigo mío, es tocar la felicidad con la punta de los dedos, como la espuma sobre la cresta de la ola, que tiene su instante de esplendor.

martes, 4 de febrero de 2025

En las nubes

Qué prodigio supone volar, y el caso es que ya nos parece algo habitual, tanto como subirnos al coche y conducir, y esto último no deja de ser otra maravilla, o escribir este blog y plantarle mis ilustraciones, y que las pueda ver cualquier persona en el mundo aunque no me conozca de nada... A veces se me va la cabeza pensando en los avances de la ciencia.

Las observo por la ventanilla del avión y reconozco que es una posición privilegiada. Pocas veces podemos verlas así, sólo cuando las sobrevolamos o cuando subimos a un pico tan alto que podemos admirar cómo se extienden a nuestros pies, algodonosas, ingrávidas e impacibles y siempre en continua regeneración ante el paso del tiempo, flotando mientras el mundo gira bajo sus pies.


Todas son distintas, no hay ninguna que repita forma o color. Las hay rosas, grises, nacaradas, azules, verdosas, amarillentas y hasta violetas y rojizas.

Disfruto identificando figuras conocidas entre sus formas y sonrío pues me siento a gusto reconociéndolas aquí y allá, como si fuera una niña. Son todo un pasatiempo para quien sabe apreciarlo. Seguro que a más de uno le parecerá una pérdida de tiempo. En fin, cada uno es como es.

-Uf, la de saltos que está dando el avión, aunque por la forma de las nubes no parece que haya viento.-

De pronto abre los ojos de golpe, mientras una mano la zarandea para espabilarla, pues se había quedado dormida sobre la arena.


Y es que la playa tiene ese punto que te adormece, al aliarse el calor del sol, la calidez de la arena y el ronroneo del mar.

-Menos mal que me puse bastante protector solar, porque llevo un rato tiesa y en las nubes-.




sábado, 4 de enero de 2025

PERPLEJA

Que tengamos un saludable 2025 y que los Reyes Magos logren sorprenderte.

Sonó la primera campanada y como si de un ataque de locura general se tratase, todos empezaron a zamparse las uvas porque el reloj no da tregua. Unos se llenaban los carrillos a reventar, otros se las tragaban casi enteras o masticaban tan rápido como sus mandíbulas se lo permitían, alguno, tras engullir unas pocas desistían ante la imposibilidad de terminar el reto a tiempo, y yo me puse a pelarlas y comerlas a mi ritmo y no al de las campanadas como hago siempre. Y casi en un parpadeo, y la mayoría aún con las uvas en la tráquea, resultó que ya habíamos dado un saltito hacia el 2025. Fue entonces cuando se desató de nuevo otra histeria colectiva, esta vez entre pitidos de trompetillas de papel, serpentinas, sombreritos, antifaces, besos y apretones, para desear un feliz año. 

Cada fin de año se repite el acontecimiento con alguna pequeña variante, y en cada ocasión permanezco perpleja, observando todo desde fuera, y sin terminar de asimilar que según nuestra cultura hemos entrado en un nuevo ciclo de doce meses, y que como en un largo embarazo, los viviremos llenos de esperanzas, sorpresas, conmociones e inquietudes.


Y como dice Manuel Vicent en su columna de El País para el Año Nuevo y que aconsejo leer, “...que la costumbre no te someta a una vida anodina. (y) Que te pasen cosas distintas, como cuando uno era niño.”

Un fuerte abrazo












miércoles, 4 de diciembre de 2024

Navidad 2024_25

Llegó el último mes de 2024 y pronto, antes siquiera de darnos cuenta, celebraremos el Año Nuevo, y como siempre cuando algo termina, la añoranza nos guiará hacia los recuerdos. No obstante, seguiremos avanzando, luchando por lo que amamos en la vida, por mantener la ilusión, por sentir curiosidad, ganas de aprender y también de reír aunque a veces nos parezca que todo está roto. Las cosas se reparan o se adquieren nuevas, pero los seres que amamos y perdemos son insustituibles, y por eso, aunque el tiempo pase, vivirán siempre en nuestros corazones.

Que tengamos tod@s unas fiestas entrañables. Un fuerte abrazo.


Cuando encuentras una puerta abierta puedes sentir el impulso de entrar, o ignorarla y pasar de largo, según sea el caso. En el mío, me pudo la curiosidad y no me resistí ante las ganas de asomarme. Ayudó también que no había nadie por los alrededores, ni personas, ni coches. Sólo ese silencio roto que se siente a veces cuando casi estás en plena naturaleza y puedes escuchar el susurro de las hojas al moverse, el canto de los pájaros y también el murmullo de la ciudad que ronronea de fondo. El muro era alto, sin ventanas y sólo había un portón sólido entreabierto tras el que había una cancela.

 

A través del espacio entornado descubrí lo que parecía un parque con diversidad de plantas, algunas en flor... A mí me encantan las flores, así que atraída me asomé más, como una intrusa. El jardín era muy grande. Habían árboles majestuosos, increíbles, robustos y también flexibles, que balanceaban sus ramas como gigantes que juegan con la luz y el viento en un baile casi armónico.

El momento fue fantástico, hasta que una enorme cabeza de perro, se asomó por la cancela, espantando la magia con sus ladridos y dejándome con un gran susto en el cuerpo. De manera que aún medio flotando y agitada al mismo tiempo, continué mi camino.


 ¡Feliz Navidad y Año Nuevo!




lunes, 4 de noviembre de 2024

NIEBLA

No me puedo quitar de la cabeza la catástrofe de Valencia y zonas aledañas, perdonen que los cite aquí. Abrazos de corazón para quien los necesite.

 

La niebla lo llenó todo muy de mañana, en silencio,

envolviendo las ramas, las hojas y el tronco con delicadeza,

como se posan los pájaros sobre los tallos.

Quedó envuelto así durante horas, quieto, suspendido, sin brisa y sin frío,

sólo con la apacible humedad que todo lo empaña.

 



Al caer la tarde, la niebla se fue reptando,

dejando la hierba mojada de agua sin lluvia.

El árbol, mudo, siguió en su puesto con la oscuridad rondando.


No hay luna, la bruma escaló para esconderla montaña arriba.

Las nubes quieren ocultarlo todo y aún así,

puntitos luminosos aparecen dispersos en el cielo jugando a esconderse.



El avefría comienza su canto para avisar de la llegada del frío.

Y las sombras siguen su ritmo estridente como su canto,

avanzando a trompicones hasta que se dispersan.

Es entonces cuando como un escalofrío,

los seres de la noche salen en busca de su presa.


Es hora de arroparse

y dejarse llevar por el mundo inconsciente de los sueños hasta que amanezca.

viernes, 4 de octubre de 2024

Disparates

Los diálogos de disparates entre mi nieto y yo me divierten sobremanera, probablemente porque me siento como una niña y porque a los dos nos hacen reír, y nada hay mejor que esos ratos de felicidad.

En nuestra habitación se ha instalado un perenquén (salamandra). La primera noche eligió un hueco entre los libros que hay en la estantería sobre la ventana, entre “La fuerza Fierabrás. Medicina, ciencia y terapéutica en tiempos del Quijote” y un antiguo libro de “Patrones para modistas de 1900”.

 

No sé si los títulos que eligió para acomodarse tendrán algo que ver, o si simplemente el hueco que encontró entre ellos era sólo un buen refugio.

Mi nieto dice con la lógica apabullante de sus ocho años, que a lo mejor se queda ahí para ir leyendo lo que hay en el estante y que por eso empieza por un extremo. Pero yo discrepo porque todo lo que queda en esa estantería son libros y revistas con ideas para tejer todo tipo de prendas.

Al día siguiente, lo descubrí en la penumbra de la caída del sol caminando con precaución, pegado a la pared como si fuera Spíderman, y con la agilidad que les caracteriza a ambas “familias”, la de los súper héroes y la de los geckos, se dirigía con timidez aparente hacia el otro ventanal. Aventuro que en busca de otro hueco más idóneo en lo que debe considerar a estas alturas su librería particular.


 

Quizá yo tenía razón y probablemente terminó decepcionado tras ojear la otra balda y descubrir que no tenía mayor interés. Puede que si. Yo a estas alturas de mi vida estoy abierta a todas las posibilidades. Puestos a disparatar, se me ocurre que de repente escuchó nuestros comentarios. Sea como fuere, esta otra repisa es más interesante. Todos los volúmenes son de fotografías del mundo y además algo historiados. A mi modo de ver, mucho más entretenidos. 


 

Lleva días afincado allí, y es que ver el mundo a través de espléndidas imágenes es una manera estupenda de pasar el rato entre cacería y cacería, y yo estoy encantada porque mantiene a raya a las hormigas y demás insectos. Por mí puede quedarse aquí alojado como si de un hotel se tratase.



miércoles, 4 de septiembre de 2024

Pasar página

Regomeyo.- Esa sensación de resquemor, de desazón o desasosiego, de malestar físico que no llega a ser verdadero y que no se revela al exterior.


No sé qué habrá sido de ella y por eso me ha acompañado un regomeyo durante todo el día que no me deja tranquila. En el trabajo, ando preocupada y no se me va de la cabeza, me aflige un ronroneo sordo que me aturde. Hace días que no tengo noticias suyas... pero es que tengo tanto trabajo que regreso a casa rota y sin ánimo de nada. Lo último que recuerdo es que me pareció que alguien la había golpeado y su teléfono interrumpió la llamada en mitad de la conversación. No se nada más, era de noche y el cansancio me pudo, y que me perdonen pero me quedé dormida.

Aleluya, por fin es viernes y esta noche podré prestarle toda mi atención. 

A mi entender ella tampoco sabe muy bien lo que pasa... le parece que esta acostada en algo así como una mesa, y no se puede mover.

Cuando creí que al fin lo iba entendiendo, de repente, se quedó todo en silencio y a oscuras.


A la mañana siguiente, el libro estaba junto a mí, sobre la cama y boca abajo, abierto sobre una página cualquiera, y el marcapáginas en el suelo, perdida toda utilidad como un ángel caído.

Tendré que releer por encima un poco, para llegar por donde iba anoche antes de quedarme tiesa, sacar de ese horror a la protagonista que me tiene en vilo y pasar página.

martes, 4 de junio de 2024

Respeto al tiempo

 A veces me pregunto qué pensaran de nosotros los mayores, cuando por serlo, los tratamos con condescendencia. Como si por llegar a la vejez se hubieran vuelto ineptos, y su experiencia no tuviera valor. Como si por ser más lentos de reflejos, fueran incapaces de tomar decisiones.

 


El calor cargado de humedad, envuelve el cuerpo en una sensación pegajosa. Sin embargo, al señor con sombrero que está apoyado en la pared por fuera de la farmacia, mientras su hijo se ocupa de adquirir sus medicinas, no parece afectarle. Tiene 101 años y de momento su mente sigue todo lo ágil que la vejez se lo permite, y el cuerpo, salvo leves catarros como ahora, también va respondiendo.

Una señora pasa junto a él y le hace un leve saludo con la cabeza a lo que él, caballeroso, responde levantando levemente el sombrero. Ella deja tras de si un suave aroma a retama. Y él sonríe y su cabeza se transporta al instante al pasado.

Lo que no pudo ser pero casi fue. Ese pensamiento cruza su cabeza como un relámpago. Aquellas tardes luminosas de miradas de soslayo. Frases breves que lo dicen todo sin apenas decir nada y risas contenidas en muecas felices.

No pudo ser, pero le hubiera gustado tenerla como compañera.

Hace tiempo se volvieron a encontrar, ella casada, sin hijos y él casado y con descendencia. Y después de aquella breve conversación ya no supieron de qué hablar, y de nuevo el adiós, incómodo, se interpuso entre los dos.

Nuestra historia pasa girando como una rueda en una jaula de hámster, siempre en movimiento aunque a veces nos parezca que se ralentiza. Mejor sonreír a la mañana y recordar los buenos ratos, que siempre hay alguno.