La primavera comienza cuando en el mes de marzo se igualan las noches con los días, y el otoño, cuando en el mes de septiembre otra vez se igualan los días con las noches en un eterno bucle hasta el fin de los tiempos.
Se lee en Cervantes, [Miguel de Cervantes Saavedra. Don Quijote de la Mancha. Segunda parte, Capítulo LIII]: «La primavera sigue al verano, el verano al estío, el estío al otoño, y el otoño al invierno, y el invierno a la primavera, y así torna a andarse el tiempo con esta rueda continua».
El muchacho corre delante de sus padres, pero de cuando en cuando recoge trebinas de las que crecen por el camino. Esas flores amarillas, devuelven una hermosa imagen del campo aunque son una plaga y se extienden por todas partes, entre los árboles, casi todos frutales, las chumberas y las piteras. Un campo amarillo limón que brilla al atardecer según los rayos se reflejan en él. Un mundo con un punto nacarado que encandila los sentidos. Huele a campo, a tierra húmeda y a flores silvestres, y los insectos, mientras persistan los rayos de sol siguen con su labor sin rendirse.
El chico va masticando algunos tallos de sabor ácido, pero que así y todo, le gustan. Este acto le hace sentirse mayor, igual que echar carreras consigo mismo, pues el todo es superarse. Y va de aquí para allá como las abejas, en un no parar, resoplando vaho porque hace frío.
El ramo cada vez engorda más, pero al tiempo, los tallos se van volviendo flácidos, y las flores se van cerrando y se convierten en pequeños tubos cilíndricos de color limón, que son como una extensión del tallo verde y casi blanco cerca de la raíz. Todo matices.
Al llegar a casa lo suelta sobre la mesa de la cocina y al rato, cuando repara de nuevo en él, pregunta -qué podemos hacer con el ramo-. Sus padres se miran sin saber qué decir, y al final optan por dejarlo en un recipiente con agua en el jardín, quizá alguna flor vuelva a abrirse.
A la mañana siguiente para sorpresa de todos, las flores se han abierto, porque la magia del sol y el agua han surtido su efecto, y es que la primavera se acerca con pisada firme.


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ResponderEliminar¡Me encantaba de chica morder los tallos ácidos !
ResponderEliminarUn relato primaveral muy bonito para celebrar el aniversario de Garcia Márquez, que seguro que le encantarían los campos de tribunas...
Holaa. Si, tambien yo de niña masticaba los tallos mientras esperaba el micro para ir al cole, o por las tardes cuando paseaba en bicicleta y haciamos un alto para tumbarnos sobre la hierba.
EliminarEl verano con su calidez también me gusta mucho, pero la primavera tiene calor y color, y también frescura, y me encandila. Yo diría que es mi estación preferida. Abrazos