lunes, 4 de febrero de 2019

Cosas de ranas

Las historias son algo maravilloso y espero que nunca dejen de asombrarme: En el lago tyers de Australia, los aborígenes creen en la leyenda de una rana que sorbió toda el agua y nadie podía conseguir una gota para beber..., y de esta idea surge este cuento.

Entre hojas de plantas que emergen del agua, una atareada rana va dejando sus huevos bien ocultos. Pasado un tiempo, el más grande de todos ellos eclosiona y cae hacia lo más oscuro y profundo, y como en un baile ensayado, los demás en sintonía le siguen en caída libre.
Al entrar en contacto con el agua la sensación de libertad de los renacuajos tras desarrollarse en el minúsculo recinto del huevo es inmensa, de manera que se deslizan como locos de aquí para allá, todos, menos el gran renacuajo, pues lo que de verdad le atrae a este, es bebérsela como un tragaldabas ante la asombrosa mirada de sus congéneres.


De manera increíble pues así funciona todo en la naturaleza, al cabo de unas semanas la cola de los renacuajos desaparece y le crecen patas, y rana grande, que es como la llaman ahora a crecido y se ha hecho enooormeeee. Le encanta trepar a los árboles por la tarde, cuando el calor da una tregua y la humedad aumenta. Allí puede cazar y disfrutar del espectáculo que supone ver su mundo desde arriba. A veces se deja caer y hace lo que más le apasiona, beber agua como una posesa. Pelícano, el pájaro de gran pico que supervisa la zona, pasa sobrevolando a menudo y chasquea con el pico mientras menea la cabeza en señal de reprobación. El charcal va menguando su tamaño, el verano sigue su curso y el calor cada día es más intenso.


Los días pasan, la sequía se extiende y para colmo hoy rana grande se despierta muy sedienta, así que se pone a beber agua sin descanso, y en cuanto termina con el agua de un charco, salta de rama en rama y continúa bebiendo agua en otro. Los animales que pueden huyen desesperados hacia otras charcas, pero ella despreocupada, sólo es consciente de que su panza se vuelve tersa y brillante como un balón hinchable. Ante la catastrófica sequía se reúnen extenuados para buscar una solución. El calor no cede el paso a las lluvias y rana grande acentúa el caos acabando con la poca agua que queda. Durante la asamblea la única idea que aflora es la de contarle chistes hasta que la enorme rana llore de risa. Al ponerla en práctica, tras los primeros chistes el batracio no muestra ningún cambio, pero de repente, hundidas ya las esperanzas, rana grande comienza a reír como sólo puede hacerlo un gigante, ja, ja, ja, ja, con sacudidas enérgicas y palmadas en la barriga, ja, ja, ja, ja, y de esta manera cae de espalda sobre las hojarasca, ja, ja, ja, ja, entusiasmada y sin poder parar por fin llora de risa, y manó tanta agua de sus ojos, tanta agua, que se produjo una inundación tremenda.
Pelícano se acercó a la zona y fue recogiendo con su enorme pico a todos los supervivientes para ponerlos a salvo, pues como ocurre muchas veces en la vida, los grandes sucesos suelen llegar acompañados de otros, y a esta catarata de agua se sumaron después las lluvias del tan esperado cambio de estación. 


Desde aquel día, rana grande entendió los problemas que podía ocasionar su glotonería, así que ahora atesora con moderación el agua en su panza durante el verano, y cuando el pantano va reduciendo su tamaño, piensa en algo divertido y con sus carcajadas, llora de risa justo lo necesario para que todos puedan subsistir hasta que regresen las lluvias.
Pelícano sigue sobrevolando la zona todos los días, chasquea con el pico y le hace una señal de aprobación a rana grande, que sigue subiendo a las ramas más altas para dejarse caer estrepitosamente en la charca a la par que dibuja una larga sonrisa en su cara.



viernes, 4 de enero de 2019

Sobran las palabras

Cambiamos el almanaque y atrás dejamos 365 días, cada uno con sus peculiaridades, y cada uno repleto de pequeñas vivencias. Muchas personas queridas se han quedado por el camino, y otros han abierto los ojos pataleando con la energía de la primera vez.
Tenemos la fortuna de poder seguir adelante, disfrutemos cada instante y hagámos si cabe, todo mejor que en el pasado, con eso podemos darnos por satisfechos. En cualquier caso, yo me considero una persona con suerte, porque sigo acompañándolos en este viaje.

Por una vida mejor para 2019


Buscando entre lanas y ovillos que guardo en grandes cestos, encontré dentro de una bolsa un mantel individual que en su día fue un retal de muestrario de los que utilizaba papá en su trabajo. El estampado, sobre fondo beis no es uniforme y por un lado crea una franja de flores que luego se van dispersando como ocurre habitualmente en los diseños para cortinas. Mamá le estaba confeccionando a ganchillo un remate, en parte por entretenerse en sus ratos de ocio y en parte por darle un toque único. A ella le gustaba embellecer su entorno, a veces recolocando objetos, otras llenando la casa de flores y plantas o como en este caso, realizando un encaje a ganchillo para un mantelito, porque el amor se siente así flotar entre las cosas.

He buscado una aguja de ganchillo adecuada y me he puesto manos a la obra para terminar lo que ella empezó. De vez en cuando me paro a contemplarlo y paso la mano por encima intentando sentirla. Ella también posó sus manos en él y como yo, las deslizó a lo largo del borde, donde como dientes separados el hilo amarillo forma ya parte del tejido. La vi repetir este gesto muchas veces y sonrío porque sé que estaría conforme con que lo rematara y lo pondré al uso pues es lo que haría ella, le gustaba utilizar las cosas.


Nunca tuvimos conversaciones profundas y pocas veces intercambiamos ideas que se salieran de la charla del día a día y de las vivencias cotidianas, pero cuando sus grandes ojos azules me miraban, intuían todo lo que necesitaba contarle. A algunas personas les cuesta expresar lo que sienten y mamá era una de ellas.

Siempre añoré tener otro tipo de relación con mi madre, pero ahora la comprendo, ahora que revivo el pasado veo el nexo de unión que había entre mamá y yo a través de las labores, ahora entiendo que también hablábamos con las manos, con el lenguaje corporal, los gestos, la mirada, la boca... y a través de los silencios, conseguido ese punto, nos rodea el cariño, la confianza y las palabras sobran.

Este mes hace un año que nos dejaste. Te sigo añorando mucho mamá.



martes, 4 de diciembre de 2018

Lluvia

La vida nos pasa por encima como una tormenta, a trompicones nos emborracha, nos sacude y arrastra. Nos roba lo que amamos y luego nos sorprende regalándonos de pronto ternura y risas, y como en una montaña rusa es sin cesar vertiginosa, aunque en tramos puede parecernos perezosa nunca nos deja indiferente. Al contrario, cuando el temporal pasa y las nubes se disipan, la visión aunque veloz, resulta extraordinaria.

Feliz Navidad 2018 / 2019


Últimamente cuando llueve lo hace con desesperación, como si las nubes dijeran:
-¡Sálvase quien pueda!.
Se mueven sobre nuestras cabezas con las panzas llenas como ubres sin ordeñar, redondas y pesadas huyendo en busca del norte que siempre está más allá, y en su agitado frenesí van descargando agua como si se desprendieran de ella a cubos.

Aquí abajo la recibimos como una cortina que lo desdibuja todo, lo empapa y ahoga hasta que la tierra dice basta porque ya no puede tragar más. Entonces, los senderos vencidos ante su ímpetu se deshacen y el agua busca su propio camino embrutecida y díscola, rompiendo, arrancando y destrozando todo a su paso.
Cae más y más, y el caudal crece y va como loco arrastrando esperanzas por ríos y barrancos desbordados. Las calles entorpecen su paso y provocan la furia del agua que salvaje, arremete contra todo y todos, crecida y desproporcionada.
Cuando parece que no terminará nunca, la lluvia poco a poco va menguando hasta que el goteo y el repiqueteo constante cesa, y las nubes se alejan.

Despacio, tras la sacudida violenta de la tormenta quedamos todos heridos en el alma, unos impotentes ante los daños sufridos, y otros perplejos frente a tan ingrato e insensible castigo. Aún así, mujeres y hombres salen a la calle a reparar los desperfectos y reponerse, sin dejar de mirar al cielo de reojo, preocupados por la próxima tormenta, e intentan sobrellevar las pérdidas o dejarlas a un lado para siempre, con la vista y la esperanza puesta en un horizonte limpio.

Mi recuerdo y deseo de ánimo en estas fechas, para todas las familias afectadas con tantas pérdidas humanas y materiales como hemos padecido este año que va terminando. Mencionar también a los familiares y amigos que hemos perdido por el camino. Y enviar un abrazo lleno de gratitud para todos y todas aquellos-as que arriesgan su vida para cuidar de las nuestras.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Amaterasu

La melancolía forma un círculo cerrado que nos aisla de nuestro entorno y hace necesaria la ayuda de otros (incluídos nosotros mismos) para romper ese vínculo con la tristeza y la oscuridad. 
Nuestro mundo tiene mucho de hermoso pero generalmente, no se puede vivir sin la coraza puesta.

Con los ojos cerrados, sumida en la más absoluta oscuridad y echa un ovillo en el frío suelo, su cuerpo se estremeció. Al cabo de un instante volvió a suceder. Su cerebro hasta entonces inactivo se alertó. ¿Había sido un ruído? Se mantuvo vigilante, tensa y a la escucha. Ella había decidido permanecer allí, en aquella cueva, y que el mundo que la rodeaba quedara yermo y en tinieblas, desde aquel día en que las atrocidades de su hermano Susanoo (dios de los océanos, la guerra y las tormentas) la llevaran a no querer saber nada del exterior. ¿Quién la importunaba?


Luchó en vano contra la curiosidad que despertaba en ella. Los sonidos llegaban cada vez con más intensidad. Tenía el cuerpo entumecido pero poco a poco logró levantarse y con cautela, mirar desde la boca de la cueva. Ama no Uzume (diosa de la danza y la risa) iba en cabeza junto a otros danzarines y gente con antorchas. Se iba despojando de las flores y hojas que vestían su cuerpo hasta que quedó completamente desnuda. Como una orgía danzante los dioses la acompañaban y coreaban.


Ya estaban en la entrada de la cueva, Amaterasu dió unos tambaleantes pasos hacia ellos y con los ojos convertidos en una raya insinuante preguntó con la voz rota de tanto guardar silencio. -¿A qué se debe este alboroto? -¡A nacido una nueva diosa!- gritaron todos al unísono y destaparon un enorme espejo que hasta el momento llevaban cubierto. Amaterasu, que jamás había visto su reflejo, se quedó absorta un instante y un rayo de sol, que desde ese día llamaron amanecer, escapó de si misma y rebotó en el espejo iluminándolo todo. Entonces exclamó sorprendida “Omo-shiroi” (¡fascinante!). El dios Ameno-Tajikarawo aprovechó el momento para cerrar la entrada de la cueva con una cuerda sagrada que tejió con paja. La diosa, rodeada de luz y festividad, superó la depresión y por fin la armonía de la noche y el día regresó al mundo.

jueves, 4 de octubre de 2018

Hechicería

Hemos oído muchas veces que el exceso de información es contraproducente, pero también el no disponer de ella. Creo que es importante tener la información que nos interesa para poder consultar sobre lo que nos ocupa y en consecuencia  actuar o resolver. Lo que sí está claro en cualquier caso, es que otros no pueden, ni deben, decidir por tí.

Legna nunca había creído en maleficios, mal de ojo, embrujos, ni hechizos, pero cuando tuvo que hacerse cargo de la cristalería familiar torció la boca en un gesto de disgusto. En el pueblo eran dados a creer en brujería y sortilegios, así que en cuanto empezaron los encargos con espejos, indeciso, buscó a uno de los cinco sabios del lugar para preguntarle qué hacer si se le rompía uno.

Este le dijo que no tirara las piezas rotas, que tendría que reutilizarlas o bien, convertirlas en polvo y lanzarlas al viento. Al principio no le pareció una tarea difícil, pero pronto tuvo una montaña de trozos de espejo, y de artilugios colgantes y extraños que fabricaba con los trozos sobrantes. Siempre le sobraban trocitos, de manera que vivía nervioso y pendiente de triturarlos para convertirlos en polvo. Esto último además era una faena muy laboriosa y encima tenía que buscar el momento para lanzar el polvo al viento. Agotado con tanta labor, decidió preguntar qué hacer con los trozos sobrantes de los espejos, a otro de los sabios.
El segundo sabio le propuso que cada vez que cortara un espejo, cogiera la pieza más grande que sobrara para reflejarla en la luna, -pero tiene que ser la primera luna llena tras la rotura-, le advirtió. Tristemente salió de la entrevista mucho más angustiado de lo que entró.
Continuó sin remedio con el trabajo, pero además ahora pendiente de la luna tras el trajín diario, aprovechando los trozos que sobraban para fabricar otras cosas y moliendo con cuidado el resto de los trocitos para lanzarlos al viento. Aquello no podía seguir así, pues cada vez tenía menos tiempo libre, de forma que se decidió por preguntar a otro de los sabios.


El tercer sabio le comentó que tenía que arrojar sal por detrás del hombro izquierdo, -pero ten en cuenta que has de coger un puñado de sal con la mano derecha y tirarla detrás de tu hombro izquierdo, ni se te ocurra hacerlo sobre el hombro derecho, porque conseguirás justo el efecto contrario, o bien, puedes bañarte en agua con sal y de paso te relajas-. Salió de la entrevista un poco esperanzado, y al día siguiente, siguió con su trabajo, pero con el frasco de sal cerca de la mano derecha para no confundirse al lanzarla sobre el hombro izquierdo, además, siguió haciendo artilugios con el resto de los trocitos de espejo, moliendo en polvo el resto y guardando el trozo más grande para que la luna llena se asomara en él. Pasados unos días se encontraba al borde de la histeria, así que tras realizar todas las tareas de prevención contra los malos augurios, llevó el bote de sal al baño y optó por sumergirse en un baño relajante de agua y sal. La primera semana todo fue de maravilla, pues el baño le relajaba, pero no siempre tenía ganas de un baño, a veces le apetecía un ducha, y por otro lado, las soluciones para prevenir los maleficios se le hacían cada día más pesadas de realizar, así que pensó que podía acercarse a preguntar a otro de los sabios, por si le daba una solución mejor.


El cuarto sabio le aconsejó que consiguiera amuletos de protección: una herradura de caballo, un trebol de cuatro hojas, una pata de conejo, una piedra o gema con energía Feng Shui, una llave...
Salió de la entrevista completamente decepcionado. Aquello no parecía tener fin y cada vez, mantenerse alejado de embrujos se complicaba más. Así y todo, colgó una herradura dentro del establecimiento y se puso una piedra contra el mal de ojo en el bolsillo. La vida continuaba, y él a pesar de los baños de agua y sal se sentía agotadísimo, de manera que decidió dirigirse al último de los sabios por si de casualidad daba con la solución de su problema.

El quinto sabio tras escucharlo le sonrió y le sugirió simplemente, no pensar en maldiciones, pues -si no crees en ellas no te afectarán-. Por fin alguien con sentido común -pensó Legna-. Tenía que haberlo hecho así desde un principio.
Y desde entonces, trabaja relajado en su taller donde continua colgada de la pared una herradura de caballo. Sigue construyendo pequeños móviles con trozos de cristal y espejo pues la gente los compra, y de vez en cuando, para relajarse, se da un baño de agua y sal tras la jornada de trabajo, o se va a enseñarle a la luna llena un trozo de espejo, y no hace nada por miedo a los maleficios, sino porque se ha convertido en una costumbre.

martes, 4 de septiembre de 2018

Saltando

Siendo adulto, sentirse como un niño es casi una tarea imposible. Recuperar la inocencia, el candor, la sencillez y la ausencia de picardía requieren un gran esfuerzo, pues compiten en muestro interior con la sabiduría que te aporta la vida, pero vale la pena intentarlo ya que nos rejuvenece y oxigena. Sólo aquellos que olvidan las estrategias aprendidas,  logran sentirse inocentes y viven el día y la noche con ojos nuevos que descubren a cada instante un mundo desconocido.

Duchado y cenado, el niño entró saltando en la habitación, pom, pom, pom, sin dejar de saltar se puso el pijama, pom, pom, pom, y se subió a la cama, pom, pom, pom, y como si no le afectara el calor intenso que perduraba tras un día sofocante, se metió bajo las sábanas y siguió moviendo los pies, zas, zas, zas, ésta vez como una rana, e imaginándose cohete a punto de despegar, brrr, brrr, brrr.

Y allá va adelante, agudo y rápido entre las estrellas. Con las manos agarra una ancha nebulosa que enreda como si fuera una cinta, ru, ru, grita feliz, ru, ru, ru, mientras hace ondas con ella y la desliza suave como una cometa entre los planetas. 

 Ru, ru, ru, de pronto el cohete aterriza en una loma pelada, brrr, brrr, brrr, donde sólo vive un tupido zarzal.

-¡Pero si son caramelos!-exclama el niño-.
-Cuidado -le dice el zarzal- si te acercas durante el día a coger mis dulces frutos, te arañaré profundamente con mis espinas, pues mis púas sólo desaparecen cuando la noche avanza y la luna pasea.
Veo la luna, así que es de noche y esto debe ser un sueño -piensa el niño que es muy listo-. Cogeré muchos caramelos y cuando despierte, aparecerán junto a mi almohada. Y allá va de nuevo, sintiéndose cohete que despega, brrr, brrr, brrr, con un puñado de caramelos entre sus manos.
Pero cuando el niño se despierta, en la cama no hay rastro de nada, así que después de buscarlos un rato, le cuenta decepcionado la historia a su madre -Si los caramelos aparecieron en un sueño, -le dice su mamá- al despertarte se habrán vuelto invisibles, pero estoy segura de que si ésta noche te duermes, sin hacerte el remolón cuando te mande a la cama, mañana aparecerá uno que te puedas comer bajo tu almohada. Y dicho esto, le picó un ojo y dándose media vuelta, dejó al niño sonriendo y planeando nuevos saltos, pom, pom, pom, que le llevarán con toda seguridad hacia otra galaxia.





sábado, 4 de agosto de 2018

Crepúsculo

El crepúsculo, ese espacio que transcurre en la penumbra, cuando el sol apenas asoma o no llega a esconderse en el horizonte, cuando las pupilas se agrandan buscando la luz, los sonidos se acentúan, el tiempo parece aletargarse y sientes que los depredadores acechan esperando su momento. Ese instante en el que eres consciente de que como un micropunto en el espacio infinito, formas parte del ciclo eterno de la vida y la muerte.

Recogen los bártulos tras un día de playa, de relax, risas y juegos, de chapotear en el agua y de observar el entorno submarino con las gafas de bucear puestas. La algarabía de chicos y grandes se va con ellos y la pequeña playa queda sola, bajo el rumor del mar y el grito ausente de alguna gaviota que se resiste a abandonar un día de pesca.

Como una melodía hiriente, la brisa eriza la superficie marina formando minúsculas crestas. El aire empuja esporas que viajan desde tierra adentro formando espirales antes de arrastrarse por el suelo y envolverse en la negra arena volcánica de la playa.


En la profundidad oscura de la charca que formaron los brazos de lava hace siglos, el pulpo mimetizado con su entorno, aguarda el movimiento impetuoso y turbio de la marea tras la llegada de la noche para acechar y saborear con las ventosas los infelices peces y crustáceos que caen bajo su enredado abrazo y mortal pico.


El sol se acerca al horizonte y el balanceo del mar se hace más intenso. La morena de mirada codiciosa y paciente observa desde su guarida, a la bandada de pequeños peces que busca en el lecho marino restos de seres muertos o pequeños cangrejos. Los peces que en su búsqueda se adentran en la cueva donde habita el pulpo no vuelven a salir. Los cangrejos que son descubiertos, corren para salvar la vida y se camuflan entre las algas, otros se quedan inmóviles, completamente aterrados y son devorados al instante.


El ciclo vital se paraliza un segundo, cuando de manera inexplicable llueven trozos de cadáveres, que al momento, son recibidos por todos como maná del cielo en un loco festín sin tregua. Mientras, en la superficie, sobre la punzante roca negra, otro depredador prepara en silencio con manos fuertes y ágiles sus enseres de pesca envuelto en la penumbra nocturna. El crepúsculo ya está aquí, adentrándose léntamente en la noche, y la rueda de la muerte y la lucha por la vida sigue su curso con todo lo trágico y lo hermoso que conlleva, y mañana, sin tregua alguna, otro crepúsculo dará paso al día.

miércoles, 4 de julio de 2018

Maldad

Ejercer la maldad de manera espontánea es por desgracia más común de lo que pensamos, sobretodo en la etapa entre la niñez y la adolescencia, cuando aún no sopesamos el alcance de nuestros actos. Además, entre nosotros también conviven seres completamente malvados, faltos de toda bondad y con una ausencia de moral tal que desencadenan acciones destructivas y terribles, reflejo de una estudiada maldad con mayúsculas.
Así y todo, hay más personas buenas que inclinan la balanza hacia el bien, que personas malas, aunque estas últimas a veces hagan mucho daño.

Suena el teléfono como cada día pasadas las cuatro de la tarde. Lo descuelga y lo apoya sobre la oreja sin mediar palabra. De fondo, se oye una voz rasposa e insegura:
-¿Eres tú? Si, claro, quién si no -comenta y continua hablando sin esperar respuesta-.


Hemos hablado de ello tantas veces, que ahora que todo terminó me parece irreal. Tras el almuerzo, y en cuanto todos se fueron a descansar me puse con el plan convenido -hace una pausa, pero como al otro lado del teléfono siguen sin hablar, continua con el monólogo-.

Todo fue muy fácil, lo atrapé sin dificultad ni jaleo, le dí un golpe certero y luego con paciencia lo limpié de piel y vísceras, a continuación lo aplasté sobre la tabla para que los huesos adoptaran la mejor posición. Golpeé un poco con el mazo y lo troceé con ayuda del machete. Eliminé la cabeza y el rabo, que afean al servir y preparé la salsa para macerarlo con un poco de aceite, perejil, ajos, sal, romero y un toque de pimienta. Estoy seguro de que mañana se chuparán los dedos. A continuación, lo guardé en un recipiente cerrado en la nevera, lejos de ojos cotillas y fisgones. Después salí a tirar los desperdicios al contenedor que está en la otra calle para dejar todo impoluto, como debe ser. Dentro de un rato pasará el camión y se llevará la pestilencia a otra parte.


Fue entonces cuando me senté a tomar un merecido té con menta, que refresca mi espíritu frente al calor espeso de la tarde, como hago siempre antes de llamarte, mientras el repetitivo canto de la cigarra mantiene a todos hipnotizados en la modorra de la siesta.

Al otro lado de la línea, una sonrisa maliciosa descubre unos dientes amarillos y torcidos. Suelta una carcajada y cuelga.


Nadie sospechará nada, y cuando se vengan a dar cuenta, si es que lo hacen, se habrán comido arropado de un buen adobo, al insoportable perrito del vecino.

lunes, 4 de junio de 2018

Indios y cabelleras

¿Qué consideramos importante y qué no?, todo puede llegar a ser muy relativo y dependerá del valor que le demos a las personas, los hechos, las circunstancias y del corazón que dejemos prendido en los objetos que amamos.

Se oyen tambores de hojalata, cánticos indígenas, susurros y risas. Amarrada a un poste, con sólo jirones de pelo sobre su cabeza tras el violento arrancamiento de la cabellera, tiznada, arañada y mirando sin ver está ella, ajena a lo que ocurre.


Llegué con cautela atraída por el soniquete. Los cuatro danzaban a su alrededor y cuando la descubrí, me llevé una mano a la boca para contener un grito. No obstante y sin dudarlo, me enfrenté a ellos rabiosa, y entre lágrimas liberé a tiempo de mayores destrozos a mi muñeca favorita, que trasquilada, sucia y rígida, parpadeó con un ojo, al tiempo que con el otro me miraba fijamente. 


La abracé confiando en que así la eximía del susto, y me marché rumbo al refugio que ofrecía mi habitación, dejando a los salvajes indios sin presa a la que vilipendiar, y dispuesta a reparar dentro de mis posibilidades a mi compañera. Quizá tras la limpieza, pueda devolverle algo de dignidad con un sombrero que cubra la desnudez de su inesperada calvicie.


Adoraba esa muñeca de casi un metro de alto y bien proporcionada, que además daba unos torpes pasos si la agarraba de la mano y tiraba de ella. Para mí era muy importante pues la consideraba unas veces hermana y otras amiga, con ella conversaba, discutía y me reía, llenando así mis soledades de hija única; pero para mis hermanos, simplemente era una prisionera, elegida supongo que por destacar de entre todas mis muñecas. Probablemente, a esta altura de nuestras vidas no recuerden siquiera el episodio, que en este caso, sólo fue un juego de niños. Y es que donde unos no ven la relevancia, otros se dejaron el corazón hilvanado.


viernes, 4 de mayo de 2018

Buena suerte

La suerte es involuntaria e impredecible, pero la buena suerte, eso es otra cosa; para disfrutarla necesitamos provocar los acontecimientos que la ocasionan, de manera que es preciso cultivar nuestro ser y nuestro entorno para sembrar los antecedentes, y estar pendientes de sus brotes para no dejar pasar por alto los frutos, y perder la oportunidad que la buena fortuna nos brinda. Pienso que la buena suerte la componen pequeños gestos y vivencias que nos ofrece la vida, y creo también que lamentablemente, habrá quien jamás será capaz de verlos y o que se niegue el placer de disfrutarlos.

Recién mudada al barrio, me levanté para estirar la espalda mientras trasplantaba unas flores y entonces lo vi por primera vez. Con una sonrisa sobre su cara redonda y amable, me saludó con un buena suerte y un leve toque de su mano sobre el sombrero. Me dejó desconcertada y pensé que lo decía porque no sabía qué comentar, pero me equivocaba, su paso ante mi puerta es ya rutina y su particular saludo también. Camina ligero para su edad dando pasitos cortos, acompañado de un bastón que lleva consigo porque le da seguridad. Eso lo supe después, cuando intercambié más de una frase con él.

El otro día me dijo que desde hace unas semanas, cuando llega a casa lo primero que hace es sentarse en la cocina, a tomarse un tentempié caliente con unos agradables vecinos, unos pajarillos que han construido el nido en un pequeño arbusto junto a su ventana, entre un complejo entramado de ramas sin hojas; de manera que por ventura puede avistar su ir y venir y oír claramente su piar sin importunarlos. Contemplar este trajín ahuyenta su soledad, le alegran la vista y el oído y le hacen feliz.

El caso es que le produce un efecto hipnótico, como el que sufrimos al contemplar desde un punto estratégico, la evolución de cualquier obra arquitectónica en construcción, donde podemos pasarnos horas mirando el quehacer ajeno valorando su progreso.
En la cocina, en cuanto escucha el canto, desvía la mirada hacia el cristal pues la llegada o salida del nido es inminente. Un cosquilleo inquieto le recorre el cuerpo al verlo aparecer y el punto de tensión que se produce en cada himpás entre trinos se desvanece al comprobar que siguen bien.

Ha pasado otro temporal fortísimo con vientos casi huracanados y fuertes chaparrones. El toldo de nuestro jardín tras su paso, ondea como una vela rota herida de gravedad, y a mí también me preocupan ahora los pajaritos pues considero que forman parte de mi vida, y deseo su bienestar.
Él lo primero que hizo al levantarse y antes de desayunar, fue comprobar que el nido seguía allí con sus huéspedes a bordo como una nave abriéndose paso entre esquirlas de madera, soportando los coletazos del viento que aún no se rinde a abandonarnos y se retuerce como un gato furioso. Ensancha la sonrisa al contármelo, son unos luchadores, me dice, y por eso son afortunados. Al disfrutar de esta y otras maravillas que componen la vida se considera dichoso, y por eso desea siempre buena suerte, porque envuelve con creces un buenos días.