martes, 4 de junio de 2019

Taconeando

Y mientras salía corriendo, pensaba que ellos jamás serían capaces de ver el mundo a través de sus ojos, porque la vida es una carrera de constantes pruebas y cambios a la que aunque acompañados, nos enfrentamos solos.

Allí está el armario. Lo mira con truhanería, entrecerrando los ojos, de medio lado, hasta que por fin se decide a tocarlo suave y torpemente.

En la habitación vacía resuena tímidamente el taconeado arrítmico, y se intuye más que se oye su risa, pues nervioso, se tapa la boca con la mano. Se siente feliz usurpando el rol de otro, y un cosquilleo vivaracho le sube y le baja desde los pies a la barriga, de manera que taconea más fuerte y deprisa.


Un collar de cuentas redondas le cuelga casi hasta las rodillas, y un poco más arriba, un medallón se balancea como un péndulo de una cadena. Una blusa demasiado ancha y una falda puesta no sin dificultad, quedan apresadas por un pañuelo lleno de pequeñas hojas.

Ahora necesita el toque mágico, así que sube a la silla tras un aparatoso y complejo esfuerzo. Elige la barra de labios de color rosa. Es bonita. Y como ha visto hacer en repetidas ocasiones, abre la boca y la pasa por los labios con bastante poco éxito, a ella le queda mejor. Al bajar ha estado a punto de caerse de bruces, lo de los tacones no es tan fácil como parece, pero ya está de nuevo ante el gran espejo y se observa sin dejar de emitir esas risitas nerviosas. Primero da vueltas y taconea, luego taconea y da vueltas. 


Mamá se asoma al umbral de la puerta buscándolo, lo han descubierto. Echa la cabeza hacia atrás al mismo tiempo que desde su garganta explosiona una carcajada franca y abierta. Levanta una mano llena de pulseras y anillos que giran locos en sus dedos de niño y dando trompicones se abraza a sus piernas, y su madre riendo, lo presiona divertida contra sus rodillas.
Él ahora no es consciente de ello, pero nunca olvidará ese abrazo contra las piernas de mamá.

Fin de la función.

Dedicado a mi pequeño nieto Eric, que empieza a zapatear por el mundo con sus grandes ojos y sin perder detalle.

sábado, 4 de mayo de 2019

Amarillo

A mi querida amiga Isabel García Estrada, supongo que donde quiera que estés, seguirás rellenando cuadernillos.

Tras asistir estupefacta a la lectura del testamento, le hicieron entrega de unas cajas repletas de carpetas y libretas, todas etiquetadas por temas y fechadas a partir de 1900. No entendía nada. Era huérfana desde los diez años y creía no tener familia.

En casa, enfrascada entre la documentación, pensó que en el más allá alguien sabía de sus inquietudes. Todos la envidiaban por ese extraño color de ojos, una rareza que en pleno siglo XXI le había abierto tantas puertas en el mundo de la imagen y que se mantenía en sus genes, ahora lo sabía, desde hacía al menos cien años, por eso leyó todo lo referente a aquella historia con avidez y más tarde, la escribió por el mero hecho de hacer justicia.

<<Las pocas veces que se animó a mezclarse con la gente tuvo malas experiencias. Cuando entraba en algún lugar concurrido, más temprano que tarde, en cuanto la gente sentía su amarillenta mirada se hacía el silencio a su alrededor y todos la observaban con desagrado. También en momentos que recordaba con amargura recibió golpes, escupitajos, insultos y murmuraciones dañinas pronunciadas lo suficientemente alto como para que llegaran a sus oídos con la intención de hacerle daño. Era el tributo a pagar por destacar entre los simples de espíritu.
Lo peor llegó cuando la arrinconaron en un callejón y aunque intentó oponerse con todas sus fuerzas, nada pudo hacer contra sus atacantes, de manera que aterrorizada, cerró los ojos con fuerza y no los volvió a abrir hasta que el ultraje terminó y sus cobardes agresores al amparo de las sombras se marcharon.

Al cabo de un tiempo sospechó que estaba embarazada, y un par de semanas después lo supo con certeza. Al principio pensó en desprenderse del feto, creía saber cómo hacerlo, pero nunca se atrevió. Amaba demasiado su propia vida como para perderla en el intento, de manera que mientras pasaban los meses, resignada, se preparó para el evento.

Llegado el momento, soportó aquellos dolores espantosos que se prolongaron durante un día y una noche, pensando en un intento por distraer la mente entre contracción y contracción, que nunca conoció a su padre, como le pasaría al ser que luchaba por salir de sus entrañas, y que su madre fue una buena mujer, sabia, lista y que le donó todo su conocimiento, junto a una casa con huerto y algo de dinero ahorrado que conseguía con remedios de hierbas que ella misma cultivaba.
Sintiendo la soledad hondamente y extenuada, por fin dió un último empujón deseando que la criatura que traía a este mundo no tuviera su mismo color de ojos.

Pero la pequeña, porque era de su mismo género, en cuanto pudo abrir los ojos mostró un iris donde predominaba el amarillo y ella entre sollozos, con la misma ternura que recibió de su progenitora, quedó rendida y hechizada para siempre de aquel ser indefenso y maravilloso.
En cuanto la niña creció lo suficiente la envió a estudiar fuera de aquel pueblo rudo y cargado de prejuicios. La visitó hasta que creció lo suficiente para entender que lo mejor era que viviera su vida alejada de su madre y su duro entorno.

El vivir aislada la llevó a escribir, primero contando su historia, y más tarde cuentos y poemas.
Murió sola a finales de los años cincuenta. La encontró el repartidor del supermercado que le llevaba la compra cada semana. Estaba acostada en su cama con su perro preferido velándola a sus pies. En el suelo, tongas de cuadernillos se amontonaban por doquier y sobre la mesa una carta con su última voluntad, en la que pedía que sus bienes fueran entregados al primer descendiente de su hija.
Y como suele ocurrir, tras la publicación póstuma de sus poemas, el pueblo que la había brutalmente rechazado, le erigió una estatua nombrándola hija predilecta.>>

Aún la gente corriente como tú o como yo no puede elegir los genes de sus descendientes, decidir si serán rubios o morenos, si tendrán un lunar en la mejilla, si tendrán una tez negra, aceitunada, amarilla , morena o blanca, si serán de estatura baja o alta, ni tantas otras cosas. Sin embargo, nos comportamos en más ocasiones de las debidas, como si nuestros congéneres fuesen cuando menos idiotas por no cumplir con el canon de belleza deseado, o simplemente, por nacer en la orilla equivocada del mar y por eso, merecer el castigo de carecer de derechos, de vivir entre continuas guerras y o morir de hambre.






jueves, 4 de abril de 2019

Sonidos

Si imaginamos lo que nos rodea cerrando los ojos, podemos ver a través de los sonidos y sentir y respirar nuestro entorno. En este poema desgloso entre las estaciones del año los retazos de esas sensaciones

Primavera

Pop, pop, pop, pop, repiquetea la lluvia sobre los pequeños tallos que se retuercen a ras de suelo, y brotan las flores ahogadas de ímpetu. Y cuando se exhibe el arcoiris trinan los pájaros, prripi, pirrip, pip, pip, y aletean vigilantes, blus, blus, blus, junto a los nidos.


Verano

La cigarra trre, trre trre, y los grillos, rip, rip, rip, rip, sofocan la tarde y las risas de los niños, ja, ja, ja, ji, ji, ji, sobre la arena cálida de la playa, la relajan. Las bicicletas danzan bri, tap, tap, bri, tap, tap, por los caminos y murmuran al oído, bss, bss, bss, las parejas cogidas de la mano.


Otoño

El viento empuja las hojas que cuchichean sobre el suelo, fru, fru, fru, fru y el rumor de la cafetería se extiende sobre el silencio del crepúsculo, blabla, bla, blabla, bla, y las olas retumban plummshsh, plumshsh, sh, sh, sh, estremecidas contra el muelle.


Invierno

Los relámpagos encienden la tarde color de vino, el trueno rrtum, rrtumtum, rrtumtumtum, hace vibrar los cristales y la lluvia top, top, top, top; top, top, top, top, acompaña a la percusión, y los perros aúllan auuu, auuuuu, en la noche cortando el frío, mientras caen silenciosos los copos de nieve.



lunes, 4 de marzo de 2019

Mujeres

Qué pena que seguimos necesitando de un mes o de un día para que se nos tenga algo más en cuenta, para hacer bulla y sobresalir un poco; para reivindicar en pleno siglo XXI el respeto y la igualdad entre los géneros; para que las labores hogareñas se compartan, igual que el cuidado de los hijos, de los mayores y de los discapacitados; para que no se nos mire como a muñecas o se nos trate como a un trozo de carne. Sé que las cosas van cambiando, pero algunas lo hacen tan despacio, y la lista es tan larga...


Para dar comienzo a la ceremonia, junto al gran círculo marcado con piedras colocan plantas aromáticas y alguna antorcha. Y todas se van sentando alrededor del chisporroteo y cálido susurro de las llamas que brilla en el centro.

La más vieja de las mujeres trae consigo una vasija rechoncha y de boca ancha con agua. Va dando la vuelta alrededor del grupo, y cada una va dejando caer con un suave chop, algún objeto que la representa.
El ambiente es relajado y afectuoso. Las más jóvenes, casi niñas, ríen nerviosas con las manos cubriendo la boca por respeto. Cuando el recipiente carga consigo todos los objetos, la anciana satisfecha se sienta.

Una de las jóvenes revuelve el cuenco y extrae sin mirar un objeto y lo muestra. Entonces, la propietaria del pequeño elemento se pone en pie el tiempo necesario para intercambiar una mirada escrutadora con la anciana, que sin más preámbulos empieza a hablar. -Tú recibes el poema, ésta historia será tu reflejo emocional, del que luego charlaremos-.
Y tras una breve pausa en la que con los ojos cerrados sus manos estudian la forma del objeto, comienza a narrar, envuelta por los sonidos de la noche y el calor de la hoguera.

El sol atraviesa las piedras
que se parten como trozos de pan,
y cuando la tarde avanza,
el calor acumulado emana del suelo
como un don, febril y soporífero.

El viento empuja la furia de los hombres
hasta que el odio se apaga
y la arena, frotando,
pule las asperezas del camino.

El agua, escasa y valiosa en nuestro entorno,
juega a deslizarse caprichosa entre los dedos,
y a ocultarse en el interior de las plantas
o del suelo para dar vida.

Y la luna por su parte, redonda y grande,
muestra su pálida frialdad entre las estrellas.
Así nos guía, nos vela, nos enseña y custodia,
pero además, también nos arrulla y adormece.


Tras un breve silencio, comienza la charla donde se habla del objeto y el poema, de las preocupaciones y del sosiego, del trabajo diario y de cómo sobrellevarlo. Y avanzada la noche, cada una recoge su objeto del cuenco y se va retirando en paz y plena, tras compartir vivencias y planear futuros.

En Argelia, la tradición oral femenina se llama “boqala o buqala” (cuenco de barro), son poemas cortos dentro de un repertorio extenso creado por mujeres, que se recitan de memoria o improvisan en árabe argelino y a la destinataria del poema se le atribuye su significado. El rito se repite cuando la noche es especialmente hermosa, la luna luce más enigmática, hay un nuevo miembro entre las familias, o simplemente, alguien lo solicita. Cualquier pretexto es bueno para sentarse alrededor de un fuego a escuchar cuentos o poemas. El que aquí aparece está inspirado en esta costumbre.

lunes, 4 de febrero de 2019

Cosas de ranas

Las historias son algo maravilloso y espero que nunca dejen de asombrarme: En el lago tyers de Australia, los aborígenes creen en la leyenda de una rana que sorbió toda el agua y nadie podía conseguir una gota para beber..., y de esta idea surge este cuento.

Entre hojas de plantas que emergen del agua, una atareada rana va dejando sus huevos bien ocultos. Pasado un tiempo, el más grande de todos ellos eclosiona y cae hacia lo más oscuro y profundo, y como en un baile ensayado, los demás en sintonía le siguen en caída libre.
Al entrar en contacto con el agua la sensación de libertad de los renacuajos tras desarrollarse en el minúsculo recinto del huevo es inmensa, de manera que se deslizan como locos de aquí para allá, todos, menos el gran renacuajo, pues lo que de verdad le atrae a este, es bebérsela como un tragaldabas ante la asombrosa mirada de sus congéneres.


De manera increíble pues así funciona todo en la naturaleza, al cabo de unas semanas la cola de los renacuajos desaparece y le crecen patas, y rana grande, que es como la llaman ahora a crecido y se ha hecho enooormeeee. Le encanta trepar a los árboles por la tarde, cuando el calor da una tregua y la humedad aumenta. Allí puede cazar y disfrutar del espectáculo que supone ver su mundo desde arriba. A veces se deja caer y hace lo que más le apasiona, beber agua como una posesa. Pelícano, el pájaro de gran pico que supervisa la zona, pasa sobrevolando a menudo y chasquea con el pico mientras menea la cabeza en señal de reprobación. El charcal va menguando su tamaño, el verano sigue su curso y el calor cada día es más intenso.


Los días pasan, la sequía se extiende y para colmo hoy rana grande se despierta muy sedienta, así que se pone a beber agua sin descanso, y en cuanto termina con el agua de un charco, salta de rama en rama y continúa bebiendo agua en otro. Los animales que pueden huyen desesperados hacia otras charcas, pero ella despreocupada, sólo es consciente de que su panza se vuelve tersa y brillante como un balón hinchable. Ante la catastrófica sequía se reúnen extenuados para buscar una solución. El calor no cede el paso a las lluvias y rana grande acentúa el caos acabando con la poca agua que queda. Durante la asamblea la única idea que aflora es la de contarle chistes hasta que la enorme rana llore de risa. Al ponerla en práctica, tras los primeros chistes el batracio no muestra ningún cambio, pero de repente, hundidas ya las esperanzas, rana grande comienza a reír como sólo puede hacerlo un gigante, ja, ja, ja, ja, con sacudidas enérgicas y palmadas en la barriga, ja, ja, ja, ja, y de esta manera cae de espalda sobre las hojarasca, ja, ja, ja, ja, entusiasmada y sin poder parar por fin llora de risa, y manó tanta agua de sus ojos, tanta agua, que se produjo una inundación tremenda.
Pelícano se acercó a la zona y fue recogiendo con su enorme pico a todos los supervivientes para ponerlos a salvo, pues como ocurre muchas veces en la vida, los grandes sucesos suelen llegar acompañados de otros, y a esta catarata de agua se sumaron después las lluvias del tan esperado cambio de estación. 


Desde aquel día, rana grande entendió los problemas que podía ocasionar su glotonería, así que ahora atesora con moderación el agua en su panza durante el verano, y cuando el pantano va reduciendo su tamaño, piensa en algo divertido y con sus carcajadas, llora de risa justo lo necesario para que todos puedan subsistir hasta que regresen las lluvias.
Pelícano sigue sobrevolando la zona todos los días, chasquea con el pico y le hace una señal de aprobación a rana grande, que sigue subiendo a las ramas más altas para dejarse caer estrepitosamente en la charca a la par que dibuja una larga sonrisa en su cara.



viernes, 4 de enero de 2019

Sobran las palabras

Cambiamos el almanaque y atrás dejamos 365 días, cada uno con sus peculiaridades, y cada uno repleto de pequeñas vivencias. Muchas personas queridas se han quedado por el camino, y otros han abierto los ojos pataleando con la energía de la primera vez.
Tenemos la fortuna de poder seguir adelante, disfrutemos cada instante y hagámos si cabe, todo mejor que en el pasado, con eso podemos darnos por satisfechos. En cualquier caso, yo me considero una persona con suerte, porque sigo acompañándolos en este viaje.

Por una vida mejor para 2019


Buscando entre lanas y ovillos que guardo en grandes cestos, encontré dentro de una bolsa un mantel individual que en su día fue un retal de muestrario de los que utilizaba papá en su trabajo. El estampado, sobre fondo beis no es uniforme y por un lado crea una franja de flores que luego se van dispersando como ocurre habitualmente en los diseños para cortinas. Mamá le estaba confeccionando a ganchillo un remate, en parte por entretenerse en sus ratos de ocio y en parte por darle un toque único. A ella le gustaba embellecer su entorno, a veces recolocando objetos, otras llenando la casa de flores y plantas o como en este caso, realizando un encaje a ganchillo para un mantelito, porque el amor se siente así flotar entre las cosas.

He buscado una aguja de ganchillo adecuada y me he puesto manos a la obra para terminar lo que ella empezó. De vez en cuando me paro a contemplarlo y paso la mano por encima intentando sentirla. Ella también posó sus manos en él y como yo, las deslizó a lo largo del borde, donde como dientes separados el hilo amarillo forma ya parte del tejido. La vi repetir este gesto muchas veces y sonrío porque sé que estaría conforme con que lo rematara y lo pondré al uso pues es lo que haría ella, le gustaba utilizar las cosas.


Nunca tuvimos conversaciones profundas y pocas veces intercambiamos ideas que se salieran de la charla del día a día y de las vivencias cotidianas, pero cuando sus grandes ojos azules me miraban, intuían todo lo que necesitaba contarle. A algunas personas les cuesta expresar lo que sienten y mamá era una de ellas.

Siempre añoré tener otro tipo de relación con mi madre, pero ahora la comprendo, ahora que revivo el pasado veo el nexo de unión que había entre mamá y yo a través de las labores, ahora entiendo que también hablábamos con las manos, con el lenguaje corporal, los gestos, la mirada, la boca... y a través de los silencios, conseguido ese punto, nos rodea el cariño, la confianza y las palabras sobran.

Este mes hace un año que nos dejaste. Te sigo añorando mucho mamá.



martes, 4 de diciembre de 2018

Lluvia

La vida nos pasa por encima como una tormenta, a trompicones nos emborracha, nos sacude y arrastra. Nos roba lo que amamos y luego nos sorprende regalándonos de pronto ternura y risas, y como en una montaña rusa es sin cesar vertiginosa, aunque en tramos puede parecernos perezosa nunca nos deja indiferente. Al contrario, cuando el temporal pasa y las nubes se disipan, la visión aunque veloz, resulta extraordinaria.

Feliz Navidad 2018 / 2019


Últimamente cuando llueve lo hace con desesperación, como si las nubes dijeran:
-¡Sálvase quien pueda!.
Se mueven sobre nuestras cabezas con las panzas llenas como ubres sin ordeñar, redondas y pesadas huyendo en busca del norte que siempre está más allá, y en su agitado frenesí van descargando agua como si se desprendieran de ella a cubos.

Aquí abajo la recibimos como una cortina que lo desdibuja todo, lo empapa y ahoga hasta que la tierra dice basta porque ya no puede tragar más. Entonces, los senderos vencidos ante su ímpetu se deshacen y el agua busca su propio camino embrutecida y díscola, rompiendo, arrancando y destrozando todo a su paso.
Cae más y más, y el caudal crece y va como loco arrastrando esperanzas por ríos y barrancos desbordados. Las calles entorpecen su paso y provocan la furia del agua que salvaje, arremete contra todo y todos, crecida y desproporcionada.
Cuando parece que no terminará nunca, la lluvia poco a poco va menguando hasta que el goteo y el repiqueteo constante cesa, y las nubes se alejan.

Despacio, tras la sacudida violenta de la tormenta quedamos todos heridos en el alma, unos impotentes ante los daños sufridos, y otros perplejos frente a tan ingrato e insensible castigo. Aún así, mujeres y hombres salen a la calle a reparar los desperfectos y reponerse, sin dejar de mirar al cielo de reojo, preocupados por la próxima tormenta, e intentan sobrellevar las pérdidas o dejarlas a un lado para siempre, con la vista y la esperanza puesta en un horizonte limpio.

Mi recuerdo y deseo de ánimo en estas fechas, para todas las familias afectadas con tantas pérdidas humanas y materiales como hemos padecido este año que va terminando. Mencionar también a los familiares y amigos que hemos perdido por el camino. Y enviar un abrazo lleno de gratitud para todos y todas aquellos-as que arriesgan su vida para cuidar de las nuestras.

domingo, 4 de noviembre de 2018

Amaterasu

La melancolía forma un círculo cerrado que nos aisla de nuestro entorno y hace necesaria la ayuda de otros (incluídos nosotros mismos) para romper ese vínculo con la tristeza y la oscuridad. 
Nuestro mundo tiene mucho de hermoso pero generalmente, no se puede vivir sin la coraza puesta.

Con los ojos cerrados, sumida en la más absoluta oscuridad y echa un ovillo en el frío suelo, su cuerpo se estremeció. Al cabo de un instante volvió a suceder. Su cerebro hasta entonces inactivo se alertó. ¿Había sido un ruído? Se mantuvo vigilante, tensa y a la escucha. Ella había decidido permanecer allí, en aquella cueva, y que el mundo que la rodeaba quedara yermo y en tinieblas, desde aquel día en que las atrocidades de su hermano Susanoo (dios de los océanos, la guerra y las tormentas) la llevaran a no querer saber nada del exterior. ¿Quién la importunaba?


Luchó en vano contra la curiosidad que despertaba en ella. Los sonidos llegaban cada vez con más intensidad. Tenía el cuerpo entumecido pero poco a poco logró levantarse y con cautela, mirar desde la boca de la cueva. Ama no Uzume (diosa de la danza y la risa) iba en cabeza junto a otros danzarines y gente con antorchas. Se iba despojando de las flores y hojas que vestían su cuerpo hasta que quedó completamente desnuda. Como una orgía danzante los dioses la acompañaban y coreaban.


Ya estaban en la entrada de la cueva, Amaterasu dió unos tambaleantes pasos hacia ellos y con los ojos convertidos en una raya insinuante preguntó con la voz rota de tanto guardar silencio. -¿A qué se debe este alboroto? -¡A nacido una nueva diosa!- gritaron todos al unísono y destaparon un enorme espejo que hasta el momento llevaban cubierto. Amaterasu, que jamás había visto su reflejo, se quedó absorta un instante y un rayo de sol, que desde ese día llamaron amanecer, escapó de si misma y rebotó en el espejo iluminándolo todo. Entonces exclamó sorprendida “Omo-shiroi” (¡fascinante!). El dios Ameno-Tajikarawo aprovechó el momento para cerrar la entrada de la cueva con una cuerda sagrada que tejió con paja. La diosa, rodeada de luz y festividad, superó la depresión y por fin la armonía de la noche y el día regresó al mundo.

jueves, 4 de octubre de 2018

Hechicería

Hemos oído muchas veces que el exceso de información es contraproducente, pero también el no disponer de ella. Creo que es importante tener la información que nos interesa para poder consultar sobre lo que nos ocupa y en consecuencia  actuar o resolver. Lo que sí está claro en cualquier caso, es que otros no pueden, ni deben, decidir por tí.

Legna nunca había creído en maleficios, mal de ojo, embrujos, ni hechizos, pero cuando tuvo que hacerse cargo de la cristalería familiar torció la boca en un gesto de disgusto. En el pueblo eran dados a creer en brujería y sortilegios, así que en cuanto empezaron los encargos con espejos, indeciso, buscó a uno de los cinco sabios del lugar para preguntarle qué hacer si se le rompía uno.

Este le dijo que no tirara las piezas rotas, que tendría que reutilizarlas o bien, convertirlas en polvo y lanzarlas al viento. Al principio no le pareció una tarea difícil, pero pronto tuvo una montaña de trozos de espejo, y de artilugios colgantes y extraños que fabricaba con los trozos sobrantes. Siempre le sobraban trocitos, de manera que vivía nervioso y pendiente de triturarlos para convertirlos en polvo. Esto último además era una faena muy laboriosa y encima tenía que buscar el momento para lanzar el polvo al viento. Agotado con tanta labor, decidió preguntar qué hacer con los trozos sobrantes de los espejos, a otro de los sabios.
El segundo sabio le propuso que cada vez que cortara un espejo, cogiera la pieza más grande que sobrara para reflejarla en la luna, -pero tiene que ser la primera luna llena tras la rotura-, le advirtió. Tristemente salió de la entrevista mucho más angustiado de lo que entró.
Continuó sin remedio con el trabajo, pero además ahora pendiente de la luna tras el trajín diario, aprovechando los trozos que sobraban para fabricar otras cosas y moliendo con cuidado el resto de los trocitos para lanzarlos al viento. Aquello no podía seguir así, pues cada vez tenía menos tiempo libre, de forma que se decidió por preguntar a otro de los sabios.


El tercer sabio le comentó que tenía que arrojar sal por detrás del hombro izquierdo, -pero ten en cuenta que has de coger un puñado de sal con la mano derecha y tirarla detrás de tu hombro izquierdo, ni se te ocurra hacerlo sobre el hombro derecho, porque conseguirás justo el efecto contrario, o bien, puedes bañarte en agua con sal y de paso te relajas-. Salió de la entrevista un poco esperanzado, y al día siguiente, siguió con su trabajo, pero con el frasco de sal cerca de la mano derecha para no confundirse al lanzarla sobre el hombro izquierdo, además, siguió haciendo artilugios con el resto de los trocitos de espejo, moliendo en polvo el resto y guardando el trozo más grande para que la luna llena se asomara en él. Pasados unos días se encontraba al borde de la histeria, así que tras realizar todas las tareas de prevención contra los malos augurios, llevó el bote de sal al baño y optó por sumergirse en un baño relajante de agua y sal. La primera semana todo fue de maravilla, pues el baño le relajaba, pero no siempre tenía ganas de un baño, a veces le apetecía un ducha, y por otro lado, las soluciones para prevenir los maleficios se le hacían cada día más pesadas de realizar, así que pensó que podía acercarse a preguntar a otro de los sabios, por si le daba una solución mejor.


El cuarto sabio le aconsejó que consiguiera amuletos de protección: una herradura de caballo, un trebol de cuatro hojas, una pata de conejo, una piedra o gema con energía Feng Shui, una llave...
Salió de la entrevista completamente decepcionado. Aquello no parecía tener fin y cada vez, mantenerse alejado de embrujos se complicaba más. Así y todo, colgó una herradura dentro del establecimiento y se puso una piedra contra el mal de ojo en el bolsillo. La vida continuaba, y él a pesar de los baños de agua y sal se sentía agotadísimo, de manera que decidió dirigirse al último de los sabios por si de casualidad daba con la solución de su problema.

El quinto sabio tras escucharlo le sonrió y le sugirió simplemente, no pensar en maldiciones, pues -si no crees en ellas no te afectarán-. Por fin alguien con sentido común -pensó Legna-. Tenía que haberlo hecho así desde un principio.
Y desde entonces, trabaja relajado en su taller donde continua colgada de la pared una herradura de caballo. Sigue construyendo pequeños móviles con trozos de cristal y espejo pues la gente los compra, y de vez en cuando, para relajarse, se da un baño de agua y sal tras la jornada de trabajo, o se va a enseñarle a la luna llena un trozo de espejo, y no hace nada por miedo a los maleficios, sino porque se ha convertido en una costumbre.

martes, 4 de septiembre de 2018

Saltando

Siendo adulto, sentirse como un niño es casi una tarea imposible. Recuperar la inocencia, el candor, la sencillez y la ausencia de picardía requieren un gran esfuerzo, pues compiten en muestro interior con la sabiduría que te aporta la vida, pero vale la pena intentarlo ya que nos rejuvenece y oxigena. Sólo aquellos que olvidan las estrategias aprendidas,  logran sentirse inocentes y viven el día y la noche con ojos nuevos que descubren a cada instante un mundo desconocido.

Duchado y cenado, el niño entró saltando en la habitación, pom, pom, pom, sin dejar de saltar se puso el pijama, pom, pom, pom, y se subió a la cama, pom, pom, pom, y como si no le afectara el calor intenso que perduraba tras un día sofocante, se metió bajo las sábanas y siguió moviendo los pies, zas, zas, zas, ésta vez como una rana, e imaginándose cohete a punto de despegar, brrr, brrr, brrr.

Y allá va adelante, agudo y rápido entre las estrellas. Con las manos agarra una ancha nebulosa que enreda como si fuera una cinta, ru, ru, grita feliz, ru, ru, ru, mientras hace ondas con ella y la desliza suave como una cometa entre los planetas. 

 Ru, ru, ru, de pronto el cohete aterriza en una loma pelada, brrr, brrr, brrr, donde sólo vive un tupido zarzal.

-¡Pero si son caramelos!-exclama el niño-.
-Cuidado -le dice el zarzal- si te acercas durante el día a coger mis dulces frutos, te arañaré profundamente con mis espinas, pues mis púas sólo desaparecen cuando la noche avanza y la luna pasea.
Veo la luna, así que es de noche y esto debe ser un sueño -piensa el niño que es muy listo-. Cogeré muchos caramelos y cuando despierte, aparecerán junto a mi almohada. Y allá va de nuevo, sintiéndose cohete que despega, brrr, brrr, brrr, con un puñado de caramelos entre sus manos.
Pero cuando el niño se despierta, en la cama no hay rastro de nada, así que después de buscarlos un rato, le cuenta decepcionado la historia a su madre -Si los caramelos aparecieron en un sueño, -le dice su mamá- al despertarte se habrán vuelto invisibles, pero estoy segura de que si ésta noche te duermes, sin hacerte el remolón cuando te mande a la cama, mañana aparecerá uno que te puedas comer bajo tu almohada. Y dicho esto, le picó un ojo y dándose media vuelta, dejó al niño sonriendo y planeando nuevos saltos, pom, pom, pom, que le llevarán con toda seguridad hacia otra galaxia.