miércoles, 22 de julio de 2026

Seré marciana

Hay días en los que sólo hace falta el desdén de alguien muy cercano, porque esos duelen mucho, o una mala revelación, o algún despropósito o palabra hiriente, de las que se lanzan al aire para que alguien la reciba, aunque el destinatario no seas tú; para que se te entristezca el alma y te arrastre a un pozo oscuro como cable chamuscado por un cortocircuito. Y aunque la cosa aparentemente no haya sido para tanto, si te pilla con la guardia baja, sin esa coraza que nos ponemos al levantarnos por si acaso, se queda uno cabizbajo y analizándolo todo.


No soy forofa del fútbol, ni conozco prácticamente nada del mundo que lo rodea más que los aspectos generales, pero así y todo, salí con la familia, (todos amantes y respetuosos del deporte) porque el momento lo merecía, bien pertrechados con sillas, bocatas y brebajes, a la plaza del pueblo para visionar el partido entre España y Argentina ante la gran pantalla que había puesto el ayuntamiento. 

Confieso que también me llevé el libro que me estaba leyendo esos días, y que de vez en cuando levantaba la vista del papel, para visionar los ayyyy, casiii, ohhh, ladronees, noo, nooo, y otra palabrería que no voy a repetir por respeto al lector. Y a esto último voy. A que me siento marciana porque no entiendo ese sentir radicalizado, ni esa manera irrespetuosa de exteriorizar lo que se les pasa por la cabeza, ni que a todo el mundo le parezcan normales los insultos y se rían, (la mayoría eran muy jóvenes), porque no pasa nada, es sólo fútbol, o por ejemplo, entre la algarabía humana que nos circundaba, y sentado muy cerca de nosotros, el comportamiento de un padre con un hijo pequeño sobre las rodillas, que no paraba de repetir, pero mátalo, mátalo, rómpele las piernas, y es que nos estaban robando la pelota, o la culpa era del árbitro pues iba de necio para arriba.

Lo mismo nos pasa en la política. Cada cual defiende a sus partidos a muerte. No importa que roben, malgasten, mientan, insulten... no pasa nada si son de los “nuestros”. Como si en los escalones del poder no hubieran tentaciones para todos, y todos pueden perder la honradez, sí, la honradez, esa palabra tan fuera de moda entre la picardía española, aunque se puede extender al resto del mundo. No señores y señoras, lo que es correcto, está bien, lo haga quien lo haga, y lo que no lo es, debería ser penalizado. Hasta dentro de nuestro aparato jurídico han perdido el norte, y se dejan llevar por ideas que nada tienen que ver con los principios de su profesión, y van en contra de las normas y no imparten justicia, aunque se les llena la boca al referirse a esta última, porque la neutralidad en estos tiempos, se rodea de medias verdades.

Cuando terminó el partido y quedó claro que el equipo español había ganado el campeonato del mundo, todos saltaron de alegría, y nos bañaron en cerveza, agua, confeti, pólvora, etc, en tal abundancia, que parecía flotar por el cielo. Y cantaban eslóganes como campeones oe oe oeee, y otras frases, que no traslado aquí porque bajo mi punto de vista estaban fuera de lugar. Me alegro de que “seamos campeones”, pero me sigo sintiendo como pez fuera del agua, me ahogo por falta de oxígeno y sé que no soy la única.

Y me reafirmo en mi forma de pensar, no me gusta esta manera de sentir el deporte, ni la vida, ni la política, que visto lo visto, sé que aparentemente es lo que cree la mayoría, y por eso me siento marciana, está claro que soy de otro planeta.