jueves, 4 de agosto de 2022

Calor

Durante este verano en el que estamos padeciendo temperaturas que baten récord abrasando todo y a todos y todas, una de las palabras que más se oye de entre nuestros lamentos es la de sofoco.

El diccionario nos dice que “sofoco” es el efecto de sofocar o sofocarse; y sobre “sofocar” nos cuenta, que es producir [el calor excesivo u otra cosa] sensación de ahogo o dificultad para respirar. Y también y curiosamente: Apagar o dominar una cosa que se extiende o se desarrolla, especialmente un fuego. Son dos significados un tanto contradictorios, pero así somos nosotros de complejos, ardemos asfixiados y apagamos el incendio con la misma palabra.


Mini cuentos:

Se quedó petrificado frente al calor fulminante, sólo escaparon del fuego unas cuantas plumas de colores.

 


Ante el desespero, intentó huir hacia arriba, pero olvido por completo que las llamas y el humo tienden a subir y se abrasó.

 


Soñaba que nadaba bajo el agua y hasta era capaz de sentir el frescor de las profundidades. 






lunes, 4 de julio de 2022

La hora del miedo

Qué bien sabe un fuerte abrazo. Cuando te aprietan y te estrechan tan fuerte que escuchas el corazón ajeno, y tu cuerpo se estremece de placer al sentir al otro tan cerca, que se entrelazan los dos mundos.

Al caer la tarde, iba siempre corriendo junto a la pared de las casas, acercándose a las ventanas para recibir la luz que escapaba del interior de los hogares, tocando la pared con los dedos como si de esa manera, un hilo invisible le mantuviera unido a sus vecinos. 

 


Así evitaba que aflorara el miedo, el miedo que podía dejarlo paralizado, cubierto de escarcha, el miedo que retorcido se introduce en forma de pensamientos negros, el miedo que le producía andar por la calle a la hora del crepúsculo, porque todos sabían en el pueblo, que cuando el sol se oculta, ellos, los espectros, los fantasmas, los brujos, aprovechan para hacer de las suyas, mientras bailan susurrándole conjuros a la luna.

 

 

Pero él era valiente. Él rompía el silencio junto a los grillos, farfullando una canción, ahuyentando de esta manera la maldad que se esconde dentro del silencio de las sombras, y sombras había muchas, que persistentes, le perseguían durante el trayecto hasta que llegaba a casa, a la puerta donde colgaban junto al llamador, ramilletes de hierbas aromáticas para espantar a los malos espíritus. Allí tocaba fuerte con la aldaba, ya se sentía casi a salvo, y la “amá” siempre le abría rápido sabedora de los miedos que pasaba el niño durante el trayecto, y tras cerrar, ella lo abrazaba y entonces él sabía que dejaba afuera los mundos grotescos de la noche, y de nuevo el sosiego lo inundaba todo. En casa estaba a salvo.





sábado, 4 de junio de 2022

Tres eran tres

Al nacer recibimos una serie de gracias (o no) que no nos hemos ganado, pues es el ADN quien nos las  aporta, y casi siempre lo ignoramos a posta. Todos hemos oído eso de “qué fea es”, o mira “qué bajito”, como si el ser del que hablamos se mereciera el aspecto que tiene, o también lo de "es un bellezón", cuando el personaje tampoco ha hecho nada para merecerlo. Es como nacer rico o nacer pobre. Somos poco objetivos cuando se trata del prójimo o incluso de nosotros mismos. Y  es que aprender a aceptarnos que no es lo mismo que a conformarnos, es sumamente importante.

Tres eran tres dice esta historia, Croa, apodado “el rana” porque siempre tenía hipo, su amigo Mago, amante de la magia y Cesa, que sabía de cuentos clásicos y tenía fama de habladora.

Que Croa hipara continuamente, resultaba gracioso cuando era pequeño, pero había crecido y ahora era raro el que no lo miraba con enojo cuando llevaba un rato escuchándolo; sin embargo, a su amigo Mago que era sordo, como era lógico, no le molestaba ni lo más mínimo. A Mago sin embargo, le fastidiaba no poder escuchar sus propios conjuros, hecho que él creía de suma importancia, pues no confiaba, en que si no los podía oír, surtieran efecto. 

Así que los dos compañeros, preocupados por lo que consideraban graves defectos, andaban siempre medio cabizbajos, y solían pasear sin rumbo fijo en lugar de emplear el tiempo jugando, por ejemplo, o disfrutando del buen día que tenían por delante.

Una tarde en la que como siempre, no miraban al frente, tropezaron con Cesa que en pleno monólogo, enlazaba un cuento detrás de otro para unos pájaros que la ignoraban completamente. Enseguida los tres conectaron muy bien, charlaron cada uno a su manera y se pusieron al día sobre sus anhelos y desgracias.

Cesa, tras una larga perorata de cuentos locos, propuso  besar “al rana" para acabar con lo que podía ser una maldición. Mago, envalentonado, pensó en un conjuro nuevo, mientras Croa, atónito y entre hipidos no se podía creer lo que estaban planeando.

Llegado el momento, Cesa le dio un sonoro beso a Croa, al tiempo que Mago haciendo aspavientos con las manos juraba en silencio, pero pasados unos minutos no ocurrió nada y Croa siguió hipando lastimosamente. 

Se desanimaron por completo, ignorando que el mundo de los deseos necesita su tiempo, y así fue en esta ocasión en la que pasado un buen rato de espera, una nube tapó el sol ensombreciéndolo todo y un ruido proveniente de la copa de los árboles los dejó medio moscas, sobretodo porque a continuación, ¡Pum!, un gran coco, venido de no se sabe dónde, cayó sobre la cabeza de Croa, dándoles un gran susto.


Tras el accidente, se hizo el silencio porque hasta Cesa dejó de parlotear. Y al cabo de un rato, fueron conscientes de que en cierto modo todo había salido bien. Croa, tras el susto, aunque con un gran chichón en la cabeza había dejado de hipar,  Mago estaba convencido de que el conjuro había funcionado sin necesidad de hablar, y Cesa, había puesto en práctica aquello de “besar a una rana” y guardar silencio durante un rato sin que pasara nada.

No sabemos si fue cosa del azar, si sus deseos se cumplieron por arte de magia, o por poner mucho empeño y buscar remedio, pero de aquel exótico bosque, salieron tres amigos nuevos y sin complejos.


miércoles, 4 de mayo de 2022

Mar violeta

Si no ves lo que buscas, probablemente es porque no usas las herramientas adecuadas. La mayoría de las veces nos basta con cambiar el enfoque, utilizando una perspectiva distinta, para encontrar el camino hacia nuestro objetivo.


Como todas las mañanas,

miré al horizonte buscándolas con insistencia,

pero hoy no las encontraba.


Le pregunté a un chico

que sobre una roca sentado pescaba en la orilla,

mientras los peces saltaban a su alrededor,

ignorando el anzuelo con la carnada,

pero me dijo haciéndose el interesante

que él no se fijaba en esas tonterías.


Entonces resignada, use mi mano a modo de visera

porque el sol que brillaba encandilaba

y por fin, allí estaban, en la lejanía,

y es que las buscaba en el sitio equivocado.


Les grité un hola y las saludé con la mano

y ellas se acercaron, y me enviaron un soplido,

y luego, dando golpes con las colas sobre el agua,

siguieron balanceándose haciendo camino.













lunes, 4 de abril de 2022

Un rato en el hormiguero

La vida sería muy distinta si todos dedicáramos nuestro tiempo a conseguir la prosperidad y el bienestar de la comunidad, y no a pensar tan sólo en nuestro propio beneficio. Necesitamos caminar hacia una relación real y palpable con nuestros semejantes, y no hacia la individualización, ni a  encerrarnos en nosotros mismos.

Una luz dorada se reflejaba sobre las gotas que cabezotas, y aunque soplaba viento, aún permanecían aferradas a los tréboles que colonizaban la zona. Amanecía, pero en el hormiguero hacía mucho que la actividad nerviosa de las Obreras no parecía decaer, pues la Reina estaba a punto de realizar una nueva puesta de huevos y además, la lluvia había provocado el ensanchamiento de la puerta de la colonia.

Entre el alboroto general y como si alguien quisiera templar aún más los nervios, cayó por el hueco del hormiguero algo que no paraba de dar saltos, lo que provocó un loco frenesí en la comuna que sólo duró unos segundos. Enseguida un batallón bien entrenado de hormigas Soldado cerraron filas a su alrededor, mientras las Obreras, se apresuraron a construir una muralla con sus cuerpos para proteger a la Reina en su proceso de puesta de huevos. 

 

El intruso resultó ser un trozo de rabo de lagartija que su dueño había perdido en circunstancias que se desconocían y para asombro de la comunidad y sembrando el mismo desconcierto que al caer, de pronto dejó de moverse, circunstancia que aprovecharon las Obreras para despiezarlo, mordisqueando, digiriendo y almacenando las proteínas en sus estómagos, para alimentar luego las numerosas larvas que esperaban en la guardería.

Al poco tiempo, del rabo de la lagartija no quedaba más que el precipitado susto que produjo aquel maná caído del cielo. Y como el ejército que eran, y sin mayor preocupación que la de proteger siempre al clan, comenzaron el ascenso en fila india para reparar el agujero de entrada unas, y traer provisiones las otras, como si allí dentro nada hubiera alterado la rutina del hogar.



 

viernes, 4 de marzo de 2022

Vela al viento

La madurez trae consigo el sosiego que nos regala la paciencia aprendida, y que desemboca como un río en el mar, en una manera de ver y vivir el día a día con una perspectiva más sabia y relajada; y que como la marea, nos lleva de aquí para allá mientras no paramos de empaparnos de todo cuanto nos rodea. Cuando somos jóvenes, las horas del día no son suficientes para alcanzar los logros que anhelamos. A veces todo nos parece lentísimo o vertiginoso, siempre sin término medio aunque pongamos empeño y nos esforcemos.

 Esta es la historia del pequeño pez Vela, que deseaba hacer como sus mayores grandes cabriolas en el aire, pero por más que lo intentaba, sólo conseguía dar algunos apurados saltitos.

El señor Gaviota, siempre oportunista, lo vigilaba disimuladamente pues era un plato muy apetecible. Sabía que estaba lejos de sus posibilidades, pero esto no le impedía maquinar, para ver cómo podía hacerse con la presa.

Un día, sobrevolando la zona donde se ejercitaba el pequeño pez, se le acercó y le dijo: -Sé de un sitio donde las aguas son poco profundas y podrías impulsarte con la cola para coger más altura-.

 


El ansioso e ingenuo Vela, pensó que nada malo podía sucederle y se dirigió hacia el lugar que le había indicado el interesado Gaviota. Allí comenzó a dar saltos cada vez más altos, apoyando la cola contra el suelo para rebotar con más fuerza. Se sentía dichoso y cuanto más saltaba y más piruetas hacía, más ganas tenía de seguir ejercitándose. Cuando llevaba más tiempo de lo aconsejable y ya estaba cansado por el esfuerzo, Gaviota, que daba vueltas en círculo animándolo a seguir, decidió que había llegado el momento de atraparlo, porque aunque el pez era muy rápido, en el estado en el que estaba no podría escapar, de manera que relamiéndose, se lanzó en picado.

El desdichado Vela, agotado como estaba, sintió la sombra sobre él demasiado tarde y se quedó petrificado de miedo. Pero cuando ya sentía que iba a ser el almuerzo del señor Gaviota, éste recibió un golpe en el costado que le hizo cambiar de trayectoria y perder un poco el equilibrio. No obstante, Gaviota, siempre hábil, se sobrepuso y logró posarse perjurando sobre una roca cercana, y mientras recomponía sus plumas, miraba receloso a su agresor que no era otro más que el papá de Vela, que nadaba siempre pendiente de su vástago.

 

 

El pequeño Vela había visto la rapidez y el enorme salto con el que su padre se había enfrentado a Gaviota. Entendió entonces, que cuando sus aletas crecieran como las de papá Vela, alcanzaría la velocidad necesaria para dar grandes saltos, y que no volvería a dejarse convencer por ningún extraño por mucho que le contara milongas o lo halagase, porque el precio a pagar podía resultar mortal.

viernes, 4 de febrero de 2022

Miradas

En ocasiones me siento atraída por determinados objetos, personas, animales, flores, árboles... Supongo que porque reflejan algún tipo de hermosura, o por la luz o los colores que los envuelven. Seguramente la persona que esté a mi lado en ese momento, no vea nada en particular, ni sienta ninguna atracción o conexión ante lo que descubren sus ojos, todo dependerá de la sensibilidad de cada cual, y hablando de este tema surgen los cuatro minicuentos que he repartido en las cuatro estaciones del año y que no tienen ninguna conexión entre ellos.

Primavera 

 

No pasaba desapercibida y lo sabía. Llevaba la música con el volumen a todo lo que daba, y movía las manos mientras repetía monosílabos del final de cada frase. La adolescente, sabedora de que captaba la atención de todas las miradas, caminaba decidida con la vista al frente, salvo cuando pasaba junto a un escaparate, donde se hacía un repaso visual; mientras vivía, esa sensación que sólo te da la adolescencia, la de creerte el centro del mundo.

Verano 

 

En una semana él también se había acostumbrado a pasear. Al principio le molestaba profundamente la mirada lastimosa que sobre su espalda, le clavaba el pulgoso mestizo, porque nunca lo hacía de frente, supongo que por si recibía algún mamporro. Pero ahora no le era necesario sentirla, para saber que había llegado la hora de salir. Lo hacía sin rumbo fijo, y ese era el mejor momento del día. Y para sorpresa suya, esa dicha se la debía a un simple chucho del que tenía que hacerse cargo, durante lo que prometía ser un espléndido mes.

 Otoño


Pensé que se había fijado en mi, como cuando algo te impresiona y no puedes apartar la mirada, pero no, ella, ardiendo en fiebre, miraba sin ver, escondida como una araña entre las telarañas de su memoria. Luego, ignorándome por completo, cerró los ojos y se quedó dormida.

Invierno


 

Entró con el paquetito tras la espalda con los ojos brillantes por la complicidad y la ilusión. Su padre la miró pícaro y ella extendió el brazo, tiró del cordón para deshacer el lazo que lo ataba, y él, sin mediar palabra, cogió uno de los Tocinos de Cielo. Los comieron en silencio, cerrando los ojos y paladeando, y luego, bajo una manta que les cubría las piernas, se pusieron a ver una peli juntos mientras duró el tiempo de visita.




viernes, 7 de enero de 2022

Bolita y Limoncillo

Las circunstancias en muchas ocasiones obligan, y quieres, pero de verdad que te resulta imposible. Viajes, fiestas y compras forman una mala combinación para disponer de tiempo libre, y a mí que soy bastante previsora, me “cogió el toro” como se suele decir. Y estas circunstancias que me enredaron, hicieron que me retrasara en la publicación del mes, que como saben es cada día cuatro. Algunos dirán que ¡aleluya!, jajaja, pero sé que a la mayoría no le molestan e incluso les gustan.

Y en el tema que viene a continuación también las circunstancias, son las que envuelven a sus personajes.

Limoncillo, cohibido y asustado llegó el primero en una bonita jaula donde lo habían metido antes del viaje. En aquella habitación y durante un buen rato hubo mucho movimiento alrededor hasta que engancharon su jaula a la pared y colocaron ramas y cuencos a los dos lados del ventanal.

El lugar era bonito, soleado y agradable, aunque le molestaba que la puerta de su jaula estuviera siempre abierta porque sentía miedo del exterior y no entendía por qué no se cerraba ese acceso para él sentirse protegido de nuevo. Así y todo, al cabo de unos días y tras asomar primero la cabeza con cuidado por si había algún depredador, comenzó a perder un poco el miedo, pues eso de volar de rama en rama o hasta donde le apeteciera molaba bastante, y a veces, sentía unas ganas tremendas de cantar desde que salía el sol, pero seguía asustándose por cualquier ruido y no se confiaba demasiado.

Pasado un tiempo colocaron otra jaula junto a la suya, y a su inquilino se lo presentaron como Bolita. El nombre le iba que ni pintado, pues eso parecía, una bola redonda como la luna llena. Y También, cuando terminaron de disponerlo todo a su alrededor, abrieron la puerta de su jaula. Pero a Bolita como le pasó a Limoncillo, le daba pánico el mundo exterior, de manera que pasó varios días sin decir ni pío y sin atreverse ni a asomar la cabeza.

Limoncillo aunque aún se sentía un poco inseguro, voló hacia el techo de la jaula de su compañero y permaneció allí plantado todo un día, hasta que Bolita entendió que no pasaría nada si cruzaba el umbral de su puerta. Y así fue como poco a poco nació entre ellos la confianza.

Pero resultó que Bolita, en cuanto recuperó la seguridad, se reveló como el líder de los dos, y así se bañaba el primero y se abalanzaba también el primero sobre la lechuga y la manzana diaria como si no existiera un mañana, mientras Limoncillo esperando su turno y sin molestarse lo dejaba hacer.

Pasada una semana los dos pajaritos estaban a gusto y relajados, y en cuanto el sol se dejaba ver por la ventana, Bolita salía de la jaula, daba la voz cantante y Limoncillo lo secundaba con sus hermosos trinos.

Volaban juntos a un lado y otro del ventanal, sin sentir la necesidad de aventurarse más lejos aunque podían hacerlo y ninguno de los dos jamás se había sentido tan feliz. Ahora Limoncillo pensaba que vivir con la puerta de la jaula abierta era lo mejor que le había pasado en su vida, pues se sentía libre y al mismo tiempo protegido de los depredadores por los cristales.

Aunque en cuanto llegaba la noche, Limoncillo era el primero en entrar al refugio de su jaula, pues nunca se sintió bien en la oscuridad; y era entonces, cuando Bolita se mostraba más atento y cariñoso con su amigo, y se posaba sobre el tejado de la jaula de Limoncillo, como este hizo con él los primeros días tras su llegada, hasta que este se adormecía, sólo entonces, se iba tranquilo a reposar sobre su palo preferido en su jaula, que estaba justo al lado, y se dejaba abrazar por el sueño, a la espera de un día más cargado de trinos y volteretas en el aire.



sábado, 4 de diciembre de 2021

La magia

Somos magia, seres especiales, y por eso únicos e insólitos.

Felices Pascuas a todos y todas, junto a un fuerte abrazo para los palmeros, que este año lo están pasando tan mal y para aquellos que de alguna manera se sienten desamparados o desamparadas. 

No debemos olvidar que cada día es un comienzo, de manera que a luchar por un próspero Año Nuevo.

 

Los dos hermanos contemplan emocionados los pósteres que su tía les ha traído de recuerdo de su último viaje. En uno se ve un magnífico Galeón Flamenco del siglo XVI y en el otro una Carta Portulana que se usaba en la navegación medieval, con todos los detalles que eran capaces de hacer entre los siglos XIV y XV.

Al hermano mayor la Carta Portulana le parece aburrida y fea y hasta de colores sosos; pero al contrario, el Galeón le parece una maravilla pues le recuerda los tiempos estoicos de la piratería, repletos de aventuras. Además, está seguro de que en cuanto sus colegas lo vean pegado en la pared de su habitación, será la envidia de todos.

 

Siempre deja elegir primero al pequeñajo, pero en esta ocasión, de verdad que desea con fuerza el cartel del Galeón, de manera que le dice, que la Carta de navegación en verdad es un mapa mágico. El pequeño mira el póster fascinado y volviéndose hacia su hermano con la Carta Portulana en las manos, le da las gracias por dejarlo elegir y sale disparado hacia su habitación.

En su cuarto, el pequeño, extiende el mapa sobre la peluda alfombra y acostado boca abajo empieza a observarla buscando indicios de su magia.

Y el hermano mayor se queda con esa sensación amarga que dan las victorias obtenidas mediante el engaño, pero que se sacude pronto.

El póster del Galeón Flamenco es un éxito entre los amiguetes, aunque no tanto como había esperado, y cuando los chicos se van, él se siente incómodo por haber engañado a su hermano y porque en toda la tarde no ha aparecido por su habitación. Así que se va a verlo.


 

Lo encuentra jugando ilusionado con pequeñas piezas sobre el mapa, y el niño enseguida le pasa un pequeño personaje y lo invita a jugar con él, entre los puntos mágicos que hay en la Carta. Y le cuenta, señalando con el dedo sobre el papel, que tiene vías para acceder a puertos, te avisa de peligros, bancos de arena, arrecifes y dónde fondear tu barco; y además, mamá me explicó, que estas líneas de aquí forman la “rosa de los vientos”, que no sé lo que es, pero suena fascinante.

El hermano mayor sonríe, mientras le sigue el juego. Y piensa que estaba totalmente equivocado, porque está claro que la magia puede encontrarse en cualquier parte, sólo hay que creer en ella.

jueves, 4 de noviembre de 2021

El duelo

Y de pronto en el autobús, un conocido te habla sobre un trabajo y tu vida a partir de entonces da un giro tan grande, que jamás habrías sido capaz de imaginarlo; y es que, aunque nos gusta hacer planes, el porvenir, cuando se acerca de repente, nos va derrumbando nuestros proyectos caprichosamente; y lo que pudo ser ya no es y lo que es, no era lo planeado. No obstante y porque somos de esa condición, seguiremos con empeño luchando por aquello que deseamos sin rendirnos jamás.

No era el hombre de su vida -pensaba mientras alguien le estrechaba la mano en el velatorio- Estaba afligida sí, incluso sorprendida por el dolor que sentía, o ¿era rabia? Desde luego le hubiera gustado compartir su vida con otro, pero no obstante, no cambiaría a sus hijas por nada y ellas eran parte de él.

Y es que llegado el momento no pudo elegir, sin embargo, físicamente no fue maltratada como tantas otras en sus mismas circunstancias, aunque sí se sintió desdichada y al principio le resultó muy duro, pero en cuanto asumió su vida sólo tuvo que dejarse llevar. Él -diez años mayor- fue paciente y bueno a su manera, porque estaba claro que había sido un egoísta. Podía haberlo abandonado, pero por aquel entonces no tenía el juicio suficiente, luego llegaron los embarazos y la vida como un torbellino la sacudió de un lado a otro, y más tarde vino la enfermedad y un día pasó al siguiente y así hasta la fecha.


Nunca se enamoró de él aunque llegó a sentir cariño. Sin embargo, ella para él, lo fue todo. Él se fijó en ella desde la primera vez que la vio siendo aún una adolescente y así se lo hizo saber una tarde de otoño, tras haber tratado “el asunto” con sus padres, que decidieron sobre su futuro sin preguntar. En ese momento ella sintió que como un árbol se deshojaba de repente, que sus hojas caían junto con sus ilusiones sobre sus pies, arrugando el suelo, quedando desnuda ante el frio que bajaba desde la sierra, y que de pronto y muy a su pesar, el viento arrastraba lo que le quedaba de inocencia. Y a solas, entre lágrimas, maduró como lo hacen los erizos de las castañas tras acabar el verano.

Siempre soñó con otra vida, no sabía si mejor, pero sí distinta. Divagaba, sobretodo cuando estaba a solas, cuando miraba cómo pasaba la gente bajo la ventana, o cuando el silencio en la casa era pleno. Pensar en otras decisiones, otras vacaciones, otra casa, otro hombre, eso le ayudaba a superar los malos ratos, la angustia que trepaba en ocasiones desde su estómago, le oprimía el pecho y le subía hasta la garganta hasta casi asfixiarla. Esos malos ratos en los que quería llorar sin saber bien por qué y andaba escondiéndose por los rincones en busca de intimidad. Pero ser mujer en su juventud era vivir bajo el yugo masculino o al menos era lo que le habían echo creer. Ahora por suerte la vida era distinta. Sus hijas por ejemplo, habían podido elegir siempre y ellas por ese lado se sentían plenas.


Quizá estaba mal, estando él de cuerpo presente, desgranar sus recuerdos ahondando en sus sentimientos. Ni su cara ni sus ojos reflejaban nada más que cansancio, y los que se acercaban a darle el pésame desconocían por completo lo que la agitaba por dentro, y debido a las circunstancias no se veía en la obligación ni de escuchar, ni de contestar. Un asentimiento con la cabeza, murmurando un gracias bastaban para corresponder.

Andaba más cerca de los setenta que de los sesenta y quizá fuese demasiado tarde para cumplir los sueños, pero aún así, ahora sentía que era capaz de avanzar. Toda su vida trabajó duro y no le debía nada a nadie, de manera que dijeran lo que dijeran el resto de los mortales, mañana empezaría pasito a pasito a ser ella misma y seguiría así mientras le quedara vida por delante