martes, 4 de agosto de 2026

Cosa de bomberos

Hoy, literalmente, me ha sonreído la rebanada de pan, Y es que hay días en los que al levantarte parece que todo brilla y que luce sus mejores galas, aunque luego sin más preámbulo, la realidad te vuelve a poner sobre la tierra, y por ejemplo, se deslice entre tus dedos hacia el suelo, el bote de cristal recién estrenado y cargadito de miel. Pero tras la limpieza inevitable, al recordarlo, sonrío, porque la mueca alegre de la rebanada de pan sigue ahí, aunque me la haya comido. Jejeje.


En esta ocasión poco habitual, viajamos los dos abuelos con el nieto, ya de regreso de unas cortas pero intensas vacaciones, en las que hemos tenido un poco de todo. Mucha piscina, la visión inolvidable del eclipse, la maravillosa visita al museo de Ciencias Naturales y Geología (Madrid) que nos dejó enamorados y con ganas de repetir, y el Parque de Atracciones, entre otras actividades. Resultado, nosotros regresamos agotados y el niño cargado de experiencias y feliz.

 

En el avión viajan muchos niños, unos delante, otros detrás, otros casi al lado y uno, justo en el asiento delantero al nuestro. Mi nieto, de diez años, va viendo, pues le encantan, un documental deportivo en su tablet, aunque el parlanchín que tenemos delante nos anima a otras cosas.

-Ahora salgo al pasillo, he ganado, así que bailo. Y el pequeñajo de tres años se pone a improvisar una danza inventada y nos dice -pero aplaude, que lo he hecho muy bien.

Nos miramos los tres y no podemos resistirnos a aplaudirle mientras reímos abiertamente.

Su madre intenta que el niño no moleste, pero es un derroche de actividad y habla con ese nivel de decibelios característico de su edad. Tan pronto aparece en el pasillo, como está de pie sobre el asiento y preguntándonos toda clase de cosas para satisfacer su curiosidad.

-Adrián, mira un ratito por la ventanilla, le comenta su madre en un intento fallido de distraerlo aunque el niño obedece.

-Pero está todo mal mamá, mira, las nubes están abajo. Hay que avisar a los bomberos para que con una escalera, suban, las empujen, y las vuelvan a colocar en su sitio.

 


Y con esa visión cargada de lógica y tan fantástica al mismo tiempo, me quedé pensando que es la idea más loca y divertida de este viaje inolvidable y merecía ser contada. Gracias Adrián por hacernos volar con otra filosofía.


1 comentario:

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    O simplemente fírmalo.
    Graacias

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