viernes, 4 de junio de 2021

El sombrero indeciso

Tula (tortuga de orejas rojas) tiene el caparazón torcido. Nunca supimos si cayó por accidente desde un balcón o si alguien con malévolas intenciones la lanzó por ver cómo caía. Anduvo herida y desorientada por la acera, ya medía unos 15 cm... Nadie la reclamó y al final, nosotros nos hicimos cargo de curarla, alimentarla y darle cariño durante muchos años, alrededor de veinte. Ahora mide unos veintidós centímetros. La gente me decía, cuando veía los cuidados y alimentación que había que procurarle diariamente: <Déjala en un parque cualquiera que tenga estanque>. Pero a un animalito al que quieres y que no sabe alimentarse solo porque ha vivido cautivo siempre, no se le puede hacer eso. A parte del daño para el ecosistema que podríamos provocar. Ella no pidió que la extrajeran fuera de su hábitat y me parece una ruindad con todas sus letras abandonarla.

El mes pasado tropecé en la web con la Fundación Neotrópico y tras ponernos en contacto se hicieron cargo de ella sin reparos. Ahora vive con otros congéneres. Imagino lo que siente al estar con otros seres como ella, después de tantos años de soledad deambulando por nuestro jardín e incluso colándose por la cocina en más de una ocasión. La echaremos mucho de menos, pero la presencia humana, nunca puede llenar ese vacío que produce la falta de libertad, para los animales que no son domésticos.

Estaré eternamente agradecida a la Fundación Neotrópico para animales exóticos, a las personas que la forman, porque para ellos, la labor que hacen no es sólo un trabajo. Atienden a los animales que por la causa que sea están fuera de su medio o los curan para devolverlos a su entorno, como hacen con las tortugas de mar. Gracias.


El portal se abrió con un estruendo y una enorme seta se asomó. Bajo el ala de lo que era un insólito sombrero, unos ojos de serpiente lo escrutaron todo. Necesitó varias píldoras y comprimidos con diferentes propósitos y colores, para vencer el pánico que sentía de sólo pensar en salir fuera del escudo protector de la casa, pero al fin lo había conseguido.

 

Los coches circulaban a gran velocidad, como halcones en picado en busca de su presa, pero ella necesitaba cruzar la calle y no sería capaz de llegar hasta el paso de peatones... No quería pasearse por la acera.

<Uf, ahora si. No, no, ahora no. Pasan como cohetes. A ver... Detrás del coche azul> Y se asomó un poco fuera de la acera, <pero no, no, que casi me golpea otro que iba detrás. Ahora, ahora es el momento, antes de que llegue ese camión de mudanzas> Y caminó lo más rápido que pudo hacia el centro de la calle, pero venían también coches por el otro carril. <¿Qué hago? ¿Qué hago?> Pensaba mientras miraba a ambos lados con pánico.

 

 

Y la duda, casi la mató. Un camión naranja la golpeó con violencia. Salió disparada por el aire, y quedó aplastada como la hoja de una penca (nopal, pita, tuna) contra el cristal de un deportivo. Y una especie de penca roja con puntos blancos es lo más que llegaron a ver los transeuntes que se acercaron a mirar pues el estrambótico sombrero lo tapaba casi todo. Cuando los servicios de auxilio acudieron al lugar, la recogieron herida y magullada, y la trasladaron a reanimación. 

 

 Nadie supo por qué tenía que cruzar la calle aquella tortuga que llevaba una seta en la cabeza y ella, cuando se repuso en la fundación de acogida para animales exóticos, tampoco fue capaz de recordarlo, pero no le importó porque ahora se sentía a salvo.

martes, 4 de mayo de 2021

Hasta la luna y más allá

Unos disfrutamos más que otros de la fantasía, sobretodo cuando somos niños, pues de adultos, ser fantástico según para qué cosas, no se considera saludable; pero qué divertidos son los momentos en los que desatamos la imaginación, recordamos el sueño loco que acabamos de tener, o bien, observamos a los niños mientras juegan. Ellos, entretenidos, se aislan de los mayores adentrándose en otra dimensión, donde la mayoría de nosotros ya no somos capaces de vivir con la misma intensidad e ilusión la magia de soñar despierto.

Es primavera, tiempo de abono, siembra y de arrancar malas hierbas. El niño observa sin perder detalle cómo según va arrancando el herbazal, este cae tras el hombre sin orden ni concierto. Con una sonrisa pícara se acerca a los hierbajos para ir recogiéndolos y hacer un montón como le han enseñado.

Le gusta estar en la huerta, porque allí puede tocar la brisa que se escapa entre sus dedos, abrazar los árboles que le susurran secretos y estirarse sobre el suelo a contemplar cómo juegan las nubes, y porque sabe que muy adentro, chisporrotean fantasiosos sus sueños.


-Haré una montaña de hierbas, alta, alta, alta, para subirme encima y tocar el universo con la punta de los dedos, -le dice el niño estirando un brazo todo lo que puede hacia el cielo. -O no, mejor será un cohete espacial para navegar entre las estrellas y visitar la luna y los planetas. -Y mueve los brazos haciendo aspavientos. -Shhummm, shhummm -Y continúa feliz añadiendo hierbas al montón, protegido del sol por el ala ancha de su gorra ante la sonrisa doblada del abuelo.

Al cabo de un buen rato el pequeñajo está dando vueltas alrededor de los árboles, en vuelo rasante entre los astros. Hay “malos” a los que persigue, dispara y le disparan. Se esconde y reaparece por donde no lo esperan... En uno de estos giros alrededor de la luna siente que una mano enorme le agarra por el hombro. -Aaahhh -grita. Lo quieren atrapar en un ataque sorpresa por la espalda. El susto casi le hace perder el control de los mandos, pero consigue dar un salto y volverse para enfrentarse al extraterrestre.


Entonces descubre la voz amiga y la cara sonriente del abuelo que le dice -Aterriza y baja de la nave descubridor de estrellas, vamos a merendar bajo el castaño y a refrescarnos.

Y el niño frena y se sienta a compartir el aperitivo mientras se miran y sonríen, acompañando silencios apoyados en el árbol.

-Bueno, terminamos de hacer un buen montón de hierbas y por hoy se terminó el curro. -Le dice el hombre.

Y con la barriga más alegre, acaban y se van cogidos de la mano, nieto y abuelo, con el halo de camaradería que produce compartir cada uno a su manera, el espacio sideral.

domingo, 4 de abril de 2021

La culpa la tiene el viento de abril

Muchas veces he escuchado lo de “yo no creo en las casualidades”, pero supongo que los incidentes o sucesos con los que nos tropezamos de improvisto en más de una ocasión, pasan porque sí, porque tienen que pasar, sin necesidad de darle más vueltas, aunque nos resulta más grato buscarle una razón de ser.

El viento de abril dejó una pelota ante la puerta de casa, aquí, donde nada hay y nunca llega nada, ni los catálogos de Ikea.

Al principio me desconcertó bastante. Estaba muy usada. Quizá el dueño la buscaba. No, demasiado pequeña , de manera que su dueño también lo sería o no; puede que perteneciera a un adulto pervertido que la usaba para atraer a los niños. Es amarilla, llama la atención. O tal vez era de una señora que en casa, cuando está sola, juega con ella rememorando esa sensación de juventud que nos aporta el bota, bota. Por otro lado, también podía pertenecer a un nervioso ejecutivo que como terapia tranquilizadora, la usa para tirar con ella a una pequeña canasta situada junto a la ventana.

Puede que la perdiera algún vecino, pero el caso es que vivo en un lugar apartado, sin casas cerca. Ya sé, a lo mejor se les cayó fuera del coche a unos adolescentes que se la lanzaban unos a otros en el interior del vehículo, con lo peligroso que es eso. Qué desfachatez. Pero no, tampoco queda cerca la carretera.

Estoy haciendo un esfuerzo mental por buscarle un origen. Nadie debe estar desarraigado, tampoco una pelota, siempre de bote en bote por el mundo. Además, seguro que a llenado los ratos de vacío de alguien y eso es importante, con ese propósito las fabrican pienso yo.

Si el viento la dejó en mi puerta será por algo. Qué cosas más curiosas suceden, pero me ha generado un problema. No quiero ser un desaprensivo, aunque ya se me pasó la edad de jugar con la pelotita, o no. Sí, no tengo ánimo. El caso es que el perro la mira con ojos golositos. Se la voy a lanzar a ver qué pasa.

Me da vergüenza ajena. La ha roto en un pis pas. Sin remordimientos. En fin, quién fuera perro. No tiene culpa. La culpa la tiene el viento de abril.


 

jueves, 4 de marzo de 2021

Tormenta y fantasmas

Seguro que alguna vez has sentido una presencia extraña cerca de ti: Fantasmas, almas errantes, espíritus... A mí me ha pasado un par de veces a lo largo de mi vida y siempre he buscado una respuesta racional, pero entiendo que no todos pensamos igual.

Anoche fue una de esas noches en las que el ánimo y las inclemencias del tiempo se aunaron para enredar los pensamientos y las sensaciones. Y aunque hoy luce el sol pues la tormenta pasó, aun siento escalofríos y no estoy muy segura de si es por el frío.


Los cristales de la ventana se mueven agitados como si un ente la agarrara y sacudiera con fiereza. Los espíritus del viento aúllan contrariados por encontrar resistencia a su paso, y como si bailaran frenéticamente alentados por grandes trolls, arrancan árboles, vallas y rompen postes y cables, dejando la casa y a nosotros inmersos en la oscuridad. A tientas buscamos velas y con la luz tintineando tímidamente entre las sombras, cenamos sándwiches y charlamos para pasar el rato.

Las llamas cargan un misterio con ellas- cuenta mi padre- y danzan siempre inquietas porque les acosan en la punta de la lengua los secretos ajenos. Cuando entra alguna corriente de aire pugnan por escapar, pero amarradas como están no siempre pueden. Sólo si alguna chispa consigue saltar se propaga el ardor sobre cortinas y muebles, y eso pasó en la casona de enfrente. Una noche como esta la lumbre corrió como si la persiguiera el mismo demonio mientras los habitantes de la casa dormían. Cuentan que sus almas siguen entre esas paredes, lamentándose y preguntándose por qué. Y cuando hay tormenta, se oyen los gemidos desconcertados de aquellas vidas que perecieron porque alguien se olvidó de apagar una vela. -Nos quedamos todos en silencio pensando en la desgracia ajena y en por qué pasan estas cosas sin sentido alguno. Un fuerte taponazo, de una persiana mal cerrada, nos dejó con el estómago encogido, y pendientes de los ruidos que no eran pocos, se nos acabaron las ganas de seguir parloteando.

De camino hacia las habitaciones mi hijo cogió un par de juguetes para que le acompañaran en la cama. Pero antes de subir las escaleras se paró y dijo: Mami, mira detrás, a mi espalda, para ver qué hay. -Le pasé la mano por la espalda con dulzura y le besé sobre la cabeza. -No hay nada cariño. -Era por si había algún fantasma. -Nos dijo.

La respuesta nos dejó estupefactos, y en ese instante regresó la luz y nos apresuramos a apagar las velas para no tentar a la fatalidad.

jueves, 4 de febrero de 2021

Bolsillos

Qué tendrán los bolsillos, que guardan las cosas más variopintas en su interior, siempre a resguardo de ojos ajenos como si de tesoros se tratara. En los bolsillos encontramos, igual que en los bolsos o las carteras, algo que en su día depositamos allí para no perderlo, pero que en muchas ocasiones, precisamente, quedan allí olvidados.


Como todos los días tras el desayuno se prepara para ir al trabajo, aunque hoy no es como cualquier día, pues a partir de esta noche, todo será distinto, pero igual de monótono al mismo tiempo.

Mira por la ventana y observa los árboles que en fila india amanecen anclados junto al bordillo de la calle. Vive en un lugar agradable o al menos es lo que le dice todo el mundo, aunque todo el mundo también opina y da ideas que quedan suspendidas en el aire, sobre todas las maravillas que podría hacer cuando llegara el día de hoy y él no lo tiene tan claro. Desde hace muchísimo tiempo, no conoce otro ritmo de vida, mas que el de levantarse con la idea de ir a trabajar, y por más vueltas que le da, no se le ocurre nada plausible para llenar las horas del día.

Abre la ventana para que entre un poco de aire fresco. El frío de febrero araña más de lo acostumbrado esta mañana, de manera que antes de salir coge sin saber muy bien por qué, uno de sus viejos abrigos, quizá porque se siente también viejo y usado, como le ocurre a la ropa cuando lleva muchos años con nosotros. Cuando te la pones no se nota tanto, pero en cuanto te la quitas se ve lo ajada que está, justo como se siente él hoy. No recuerda cuándo fue la última vez que se lo puso, pero tampoco importa. Debería meterlo en una bolsa y llevarlo al contenedor, pero se mira al espejo, se encoje de hombros, suspira y se lo deja puesto.

Mientras camina piensa en que pronto quedará en el olvido la despedida que le hizo la filial por sus años de servicio, y en un lapsus temporal su paso por la empresa sin vestigio de su existencia. Ya no volverá a recorrer este trayecto nunca más y se le hace raro, y más raro se le hace sentir un nudo en el estómago mientras contempla la acera. ¿Se estará convirtiendo en un sensiblero? o ¿será que va a empezar a hacerse viejo de golpe a partir de hoy? Es uno de sus mayores temores aunque no lo reconoce ante nadie.

Uf, vaya frio, a lo mejor no fue muy buena idea elegir este abrigo, y acto seguido introduce las manos en los bolsillos. En uno descubre un pañuelo de papel usado y acartonado, que se apresura a tirar en el contenedor, pero en el otro. ¿Qué es esto? Y saca una flor marchita y amarilla. La contempla sin dejar de caminar intentando hacer memoria de qué hace allí. Y de pronto lo recuerda y una sonrisa se dibuja en su rostro. Ya sabe lo que va a hacer mañana y durante las siguientes mañanas, y con energías de pronto renovadas, se dispone a enfrentarse a su futuro.

Las posibilidades son infinitas ¿A qué crees que dedicará el tiempo nuestro personaje tras encontrar la flor en el bolsillo? 





lunes, 4 de enero de 2021

Ilusión

Terminamos el año con el último ocaso de 2020, esperanzados, porque la vida es un continuo comienzo con el despertar de cada amanecer, de manera que aunque titubeantes, emprendemos el 2021, ilusionados cada día, porque nuestra historia, la de cada uno, se compone de pequeños retos y esperanzas, de logros y pérdidas, de amor y desamor.

Bajo el tibio sol invernal, con una mantita sobre las rodillas, la anciana parece observar los pájaros que en bandada bailan con cierto desorden sobre los árboles. Por el camino se acerca un señor y cuando llega a su lado la saluda, y le dice que es su hijo y por si esto fuera poco, pretende con falsa naturalidad cogerle la mano, pero ella indignada, no deja que la toque. Él parece no afectarse, se sienta a su lado y no para de parlotear, aunque la señora con el ceño fruncido, no le escucha. Ese no es su hijo, su pequeño es imaginativo y alegre y no puede ser este señor maduro y serio, con bigote y chaqueta de punto, que habla y habla palabras que no entiende.

Ella ahora mismo recuerda la habitación como si la tuviera delante. En la tele están dando una peli de dibujos animados con dragones como protagonistas, que tiene hechizado al pequeñajo, y en cuanto termina, el niño la mira y le dice. -Mamá, mamá, quiero un dragón para ir montado en él al cole- Y ella le responde: -Mmm, veremos qué podemos hacer. Se me ocurre que si dibujas lo que deseas puedes convertirlo en realidad sobre el papel-.

El pequeño empieza a dibujar y según desliza el lápiz con cierta encantada torpeza, va cambiando de opinión. Coge los rotuladores y sus garabatos pronto se transforman en: -Mmm, una estrella fugaz; o no, no, una serpiente que se retuerce; ah, no, no, no, mejor un mono que va saltando-. Y así continúa hasta que el papel es un galimatías de garabatos y el niño se cansa de los rotuladores, para prestar toda su atención a los coches con los que hace carreras concentrado en otro mundo, un mundo de carreteras peludas sobre la alfombra.

-Mamá, mamá. Estás sonriendo. ¿En qué piensas?-

-Ah, hijo, qué bien que viniste-

Y ahora sí, con las manos de ella entre las suyas, el hombre con chaqueta de punto repite de nuevo historias de la familia, le habla de sus nietas y su nuera y del nuevo minino que los tiene a todos enamorados, de las mejoras que han hecho en casa y de un sin fin de pequeñas cosas aprovechando que ahora lo ve. Y la besa y la achucha, en esa lucha de antemano perdida contra su mente cansada, y hasta que la bruma regrese otra vez a su mirada.

Salud y cariño para todos-as en este año nuevo  nos toca descubrir y mucha ilusión para dibujarlo y colorearlo a nuestro antojo, aunque de antemano sepamos que no saldrá como soñamos.

 

viernes, 4 de diciembre de 2020

Lucho

En algún momento de nuestras vidas unos y otros, nos hemos sentido abandonados. El caso es que ese dolor, la autocompasión que genera, ignorar el por qué o aún sabiéndolo, nos ratifica ante el pensamiento de que podíamos haberlo hecho mejor y nos ayuda a la hora de intentar no cometer los mismos errores. Pero ¿y si te abandonan sin cometer falta alguna? por el mero hecho de que eres distinto, no cumples con el estándar establecido, eres alto, bajo, chocolate o anaranjado, eres demasiado joven o estás viejo… Aspectos que no puedes cambiar porque te son innatos, entonces, cómo superar la impotencia, cómo resurgir de nuestras dolidas cenizas como el ave fénix. La respuesta es muy sencilla, sin rendirnos y luchando por sobrevivir al principio y después, aprendiendo de nuevo a vivir.

 


Abandono, que empieza con la A de arrebato, andrajo, argucia, azorado y por último amor.. pero con sabor a agrio”.

Lo dejaron en pleno invierno en mitad del monte, abandonado a su suerte con apenas unos meses. Al principio no fue capaz de saber qué pasaba pues sólo conocía la teta materna y lo calentito que se estaba acurrucado entre sus patas, pero enseguida sintió hambre, soledad y frío.

  

Miedo, con la M de miseria, madriguera, montaña, maldad, y también de amor, pero con menosprecio y sin mimos”.

Pasaron los días y temía que llegara la noche pues en cuanto se dejaba dormir, que era a menudo, helado y famélico como estaba, se le acercaban animales que le atacaban y mordían. Entonces, herido y temeroso se alejaba corriendo y buscaba por instinto otro lugar donde esconderse y protegerse además, de la lluvia nocturna que lo calaba hasta los huesos.

 

 

Oscilación, que contiene la O de opción, olvido, ojeada, amor y también la de orfandad”.

Lo encontraron por casualidad hecho un ovillo entre la maleza, mojado, tembloroso, gimoteando, muy flaco y mordido por las ratas. El cachorro los miró desfallecido y ella, agachándose, al momento lo envolvió en su chaqueta y le habló con cariño, y aunque el animalito no tenía ánimo, se sorprendió a sí mismo moviendo el rabo.

 

 

Rescate, con la R de rastro, razón, realidad y con la que termina amor y comienza reposo".

Tras darle agua y comida que ingirió con ansia, el veterinario lo pinchó y desparasitó, y para terminar con los trámites y quedar dentro de la legalidad en su nueva familia, en su cartilla le pusieron por nombre Lucho, porque luchó sin rendirse para sobrevivir.

Luego, en el que sería su hogar de acogida le dieron el primer baño de su vida. En ningún momento se quejó, probablemente por fatiga, tan sólo observaba todo y a todos con sus profundos ojos color avellana mientras escuchaba palabras cariñosas seguidas de Lucho, Lucho, Lucho...

Ha pasado un año y aunque las heridas físicas han desaparecido, sigue teniendo frío por las noches y buscando el calor en la mano amiga que lo acaricia y lo mira con ternura. Ignoramos si los perros pueden tener pesadillas, pero a veces solloza agitado mientras duerme, aunque en cuanto se despierta, se muestra alegre, juguetón y feliz. Y es que estoy segura de que sabe que ha encontrado el significado del amor con todas sus letras.

Ojalá que todos encontremos el amor algún día y si le acompaña la salud, ya nos habrá tocado la lotería. Y ojalá podamos dejar en el olvido, si es lo que deseamos, este 2020 tan problemático y seamos felices en el 2021.




miércoles, 4 de noviembre de 2020

¿No te huele?

Hoy escribo una carta que puede parecer un arrebato o el reflejo de que estoy deprimida, pero no, sólo retrato lo que nos decimos unos a otros cuando hablamos sobre los dirigentes políticos, que según juran el cargo se olvidan de que el asiento que ocupan se lo dimos nosotros.


Probablemente ninguno de ellos leerá estas letras. Yo los supongo durmiendo tranquilos, (algunos incluso sentados en sus escaños), faltos de empatía, pues pensar de verdad en las necesidades del prójimo está mal visto. Hay que ser un depredador, un listo y comer antes de que te coman, poner la zancadilla si es posible, reír burlonamente, mostrarte fuerte e implacable. En el mejor de los casos les oímos decir que la nación es lo primero aunque casi siempre les gane el ego pues les encanta escucharse, rebatir al otro y sentir los aplausos de los “suyos”, pero pocos construyen o dan soluciones prácticas. Y quiero dejar claro que no hablo de ninguna inclinación política, hablo de todos en general, y es una pena que generalice pues no todos serán iguales, pero es la imagen que dan, en un mundo donde la figura y la presencia lo es casi todo, los actos y las actitudes los delatan. Y es que son fachada, se asientan donde nada les afecta para que nos les llegue el olor. Sí, digo bien, el olor, porque entre ellos huele a humedad y a rancio (no sólo entre la clase política española), a pataletas de señoritos, a abolengo trasnochado, a putas finas, a falsedad y a muchas otras cosas que hieden.

Y mientras, entre la población sin recursos, sin trabajo ni atenciones dignas, huele a pobreza, a miseria, a dolor y a pena, a falta de higiene, a sudor, podredumbre y a viejo, y eso, oiga, eso molesta, y los imagino pensando que si hay que pasarse a la otra acera para no rozarnos con ellos, con los sin trabajo, los pobres, por si algo se pega, pues se cruza la calle, se les ignora y asunto resuelto.

Y a mí me llega vaporizado el olor a desánimo, a retroceso porque no se avanza, a desengaño, a llanto silencioso y a impotencia, y de esta triste manera me envuelvo el corazón y el alma con una toallita hidroalcohólica, para al menos durante un rato, sentirme engañosamente a salvo.

No espero respuesta, pero ojalá se revolvieran todos en sus asientos y provocara la hecatombe y lograran caminar juntos, porque los que nos representan son numerosos y podrían si de verdad se lo propusieran, aportar soluciones ante los desafíos que tenemos delante que son graves y muchos. Necesitamos políticos serios y coherentes, ahora más que nunca, que ofrezcan soluciones para el conjunto, no para unos pocos.


Un saludo



domingo, 4 de octubre de 2020

Leyenda Guayota

 Esta es mi interpretación sobre la leyenda Guayota, una historia guanche que se transmitió oralmente y por tanto ha ido variando con los años.

Guayota, era el principio maligno de las creencias guanches, siendo asimilado con la idea cristiana del diablo. Habitaba en el interior de la tierra, principalmente en el volcán del Teide, según los primeros historiadores de Canarias. El término, cuya forma primaria podría ser wa-yewta, ha sido traducido como 'golpear', 'combatir', o también más figurativamente como 'el destructor', se relacionaba con el fuego y con los procesos volcánicos destructivos. Era asistido por diversas entidades malignas menores, entre las que se encontraban Guañajé, Canajá y Jucancha, deidades protectoras del ganado cabrío, del ovino y del perro respectivamente, así como las personificaciones de diferentes fenómenos como el viento o los terremotos.

Echeyde, El Teide, era la morada de Guayota, identificado con el infierno en las creencias cristianas.

Magec, dios del sol y de la luz. Es posible que tuviese un carácter femenino, según una interpretación del vocablo como *ma-aɣeq ('madre del fulgor') o *m-aɣeq ('la que tiene fulgor').

Achaman, el dios supremo, que representaba un principio creador y sustentador, era denominado de diferentes formas según las atribuciones que poseía: Achamán era 'el Centelleante'.


Un estruendo terrible surge allá donde Echeyde respira, y sigue retumbando el estrépito como si fueran truenos en una tormenta seca, como alaridos furiosos que no presagian nada bueno. A los gritos de la montaña le acompaña el tiritar de la tierra que se estremece miedosa. De pronto el entorno se llena de un silencio sobrecogedor que dura un instante y desaparece con una brutal explosión, que avisa que en Echeyde se abren las puertas del infierno. Todo se oscurece pues escapan fumarolas cargadas de ceniza y hasta el cielo suben lenguas de llamas rojas y naranjas que empequeñecen las nubes. Guayota en forma de perro rabioso escapa y aulla al tiempo que atrapa a Magec, que sorprendido no se defiende y queda encerrado en el interior de la montaña. El aire se hace irrespirable, se vuelve gris y el maligno se pasea a sus anchas dejando una gran herida abierta en la cumbre de Echeyde, donde todo es fuego.


Resuenan con violencia las explosiones, caen enormes piedras ladera abajo llevando consigo el incendio del averno, y llueve más ceniza que como hojas secas lo sepultan todo. Durante días huele a castigo, al azufre de las entrañas de la tierra. Echeyde escupe el mal que lleva dentro y Guayota lo quema todo a su paso.

Los Guanches aterrados imploran a Achaman, el dios del cielo, para que los salve, los libere del mundo de tinieblas donde los ojos y el pecho arden. Le imploran sin descanso, mientras mantienen hogueras encendidas, para que Guayota crea al pasar, que lo hace sobre su infierno y no calcine los lugares donde viven.


Achaman se apiada del pueblo que le ruega y tras una dura pelea contra el mal se adentra en Echeyde arrastrando consigo a Guayota y su ruindad, libera a Magec, el sol y dios de la luz, que aún sorprendido busca de nuevo su lugar entre las nubes. Luego, para cerrar la boca del volcán, Achaman esparce ceniza blanca sobre la cima, que desde ese día los guanches llamarán Pan de Azúcar y poco a poco la normalidad regresa a la isla, pues cada dios está en el lugar que le corresponde, aunque de vez en cuando, se sientan los resoplidos de Guayota que se revuelve furioso en el interior de Echeyde y escapa así entre las piedras de la cumbre, el olor del infierno.

viernes, 4 de septiembre de 2020

¡Perdona!

A veces son otros los que me comentan, mira esto qué curioso, se podría escribir toda  una historia… y es que nos encontramos por el camino con cosas increíbles, a las que si les prestamos la debida atención nos darán mucho en qué pensar. A mi me divierte, es como cuando bajas el volumen de la tele, y hablas toda una serie de disparates en lugar del que gesticula en la pantalla. Y es que “realidades" hay muchas, todas las que queramos plantearnos y de esta forma surge este cuento, tras tropezarnos con un “Perdona!”.

Sin novedades, ni acontecimientos que valiera la pena mencionar, el pueblo desfallecía aburrido, como languidecen las plantas que no riegas, pues todos sabían sobre todos y conocían sus males y sus bienes, de manera que el tedio se sumaba al cansancio de la labor diaria. Los vecinos sólo charlaban de los temas habituales, el tiempo, los dolores que aquejaban a los mayores o lo que iban a cocinar al día siguiente, y así una semana tras otra, hasta que un día por la mañana, amaneció una pintada sobre uno de los muretes de la plaza que hacían las veces de banco, con la palabra: ¡Perdona!.

Todos se preguntaban quién se había atrevido y a qué se debía la disculpa. No habían llegado forasteros, de manera que se animaron a especular y a inventar posibles ofensas, aunque no terminaban de entender por qué usaban ese método tan público.

A propagar la noticia contribuyeron el cartero y el panadero que comentaron el suceso en otros pueblos cercanos, y hasta tal punto llegaron los cuchicheos, que el siguiente paso fueron las apuestas sobre quién había sido, cuándo confesaría el autor de la pintada, por qué lo había hecho, por qué había escrito en ese banco en concreto, y estando así las cosas se apostó de todo, boliches (canicas), útiles de labranza y de cocina, un cesto con simientes, un saco con la futura cosecha, pero nada de esto dio resultado, nadie lograba descubrir ni alentar a quien lo había pintado, a confesar cuál era el motivo. El ambiente se fue caldeando y alguno incluso ofreció un pequeño terreno, aunque bien es verdad que era un pedregal donde no crecían ni las malas hierbas, pero los labios del autor de las disculpas seguían en silencio. Hubo quien hizo guardia escondido tras las cortinas de alguna ventana, por si alguien rondaba la pintada o se escuchaba alguna conversación clandestina, pero tampoco hubo suerte...

Y se fue gestando una extraña sensación. Todo el que pasaba junto al murete de la plaza no podía evitar echar una mirada y sentir alivio, como si la palabra la hubiesen escrito para él o para ella. De manera, que continuaba su camino con una sonrisa en los labios, de esta forma pasaron unas semanas hasta que como ocurre con todo lo que se convive a diario, prácticamente nadie le prestaba atención al banco que con la pintura ya ajada, había dejado de ser una novedad, hasta que otro día, que cambiaría el curso de los acontecimientos, amaneció en otro murete la frase que rezaba: Estás perdonado.

En esta ocasión no se especuló sobre ella, sino que la pintada cayó como un bálsamo curativo en la comunidad, como se anhela un baño caliente al final de un duro día de trabajo, o que de verdad te perdonen cuando has metido la pata, en definitiva, como si todos necesitaran ese perdón. Y desde entonces, nadie espía tras las cortinas, ni hace apuestas estrambóticas, a nadie le preocupa quién fue el autor de la primera pintada, ni de la siguiente, porque han llegado a la conclusión de que eso no importa. Ahora ellos son los grafiteros y eligen dónde y qué aparecerá sobre los muros de su pueblo. El cosquilleo, el anhelo y la esperanza llenan el espacio que transcurre hasta que una nueva frase o mural, nace sobre cualquier pared en el lugar.

Las animadas tertulias continúan cada día, la gente ha pintado puertas y persianas, ha puesto flores en las ventanas, ha mejorado los caminos... Y se ha producido el milagro, ahora a la aldea llegan curiosos con nuevas costumbres y novedades, y también se han instalado nuevos vecinos, atraídos por el encanto de un hogar tranquilo y con el alma repleta de ilusión y colores.