miércoles, 4 de abril de 2018

Ambición

Aunque llegamos a este mundo con rasgos heredados, en los primeros años de crecimiento, somos lo que hacen de nosotros quienes nos rodean. Según vamos madurando, aprendemos a analizar nuestro comportamiento comparándolo y midiéndolo a través de parámetros externos. De ésta manera nos vamos modelando y con los años nuestra forma de ser se va puliendo.

Fruto de un brutal abuso y entre malas caras, el niño nació llorón en exceso y ambicioso pues reclamaba más alimento del que estaban dispuesto a darle, como si supiera que desde su nacimiento, tendría que abrirse paso en la vida a base de exigencias. Esto sirvió de buscada excusa, para abandonarlo sin pena ni remordimiento a las puertas del orfanato una ventosa madrugada otoñal.

En el hospicio el tiempo caminaba despacio, los castigos y golpes para cambiar su comportamiento sólo sirvieron para reafirmar un carácter pedante, bravucón, codicioso como un potentado y orgulloso como un rey.

Eligió una noche invernal para abandonar el lugar, robó ropas y dinero del personal, y se marchó bien vestido y erguido como un señorito insolente, sin despedirse, ni agradecer a nadie los cuidados elementales que le dieron.

Aprendió de la vida lo que quiso y copió ademanes y frases echas para embaucar a quienes se le acercaban, que no eran pocos pues atraía como la miel al oso, a farsantes y ladrones que utilizaba en su beneficio. Así fue haciendo acopio de una pequeña fortuna fruto del hurto y la extorsión.

Pasaban los años, y aunque no lo confesaba ante nadie, se sentía angustiado e infeliz. Como se lo podía permitir, solicitó estudios sobre su malestar, a magos, doctores y hechiceros, pero ninguno supo dar con un remedio que acabara con su dolencia.

Una primaveral mañana cuando paseaba por la calle rodeado de su malandrines, se encontraron en la acera con una andrajosa anciana que pedía limosna. Sus esbirros como siempre, pretendieron echarla a patadas y robarle, pero la vieja más ágil de lo que aparentaba, se plantó ante él y mirándole a los ojos le soltó -La violencia no es necesaria, con gusto te daré lo que poseo que es casi nada, si con eso te hago feliz y desaparece la angustia de tu corazón-. Se quedó paralizado al oírla -¿Cómo sabía ella del mal que padecía?-. Así que al instante ordenó que la llevaran a su mansión, pero que antes de presentarla de nuevo ante él, le dieran un baño pues no se resistía su mal olor.

Así se hizo, y cuando la llevaron ante él limpia y a rastras, la anciana sin reproches, le dió las gracias por el espléndido baño. Él enseguida quiso saber, cómo conocía el mal que padecía, pero la anciana comentó, que para charlar de esto con él necesitaba encontrarse más cómoda y señaló sus andrajos y pies descalzos. Al instante la ira se reflejó en su rostro, pero haciendo un esfuerzo ordenó que le dieran ropas y calzado, arreglaran el pelo e ungieran con aceites.

Cuando de nuevo la llevaron ante su presencia, la anciana reiteró las gracias y él sintió una extraña puntada en el corazón que no supo entender, menos ansioso de lo que creía estar, repitió la pregunta, pero de nuevo la mujer le contestó para su sorpresa, que era muy mayor para hablar sin alimentarse bien desde hacía días, así que él más desconcertado que irritado, dispuso que le dieran de comer hasta que se saciara.

En cuanto la hizo llamar otra vez, la anciana se presentó ante él sonriente, bien vestida y agradecida. Al verla, sintió de nuevo una rara sensación que no supo definir y repitió la pregunta. -Soy muy anciana como veis y necesito antes de entablar conversación, calentar mis huesos al sol en el espléndido jardín que poseéis-. Así que él más desconcertado que enfadado por la desfachatéz de la mujer, pero curiosamente más relajado, concedió que así fuera.

Dejó pasar unos días esperanzado, antes de salir al jardín para ir al encuentro de la vetusta señora, que sentada al sol veraniego parecía otra. Ella al verlo volvió a agradecerle el trato recibido y añadió que nunca se había sentido tan feliz. Él de nuevo sintió algo extraño en sus entrañas e intrigado por esos sentimientos cambió su pregunta -¿cómo puedes ser feliz si te retengo contra tu voluntad?. -Me has regalado lo que más ansiaba -contestó la mujer-. Comida, vestidos y bienestar, porque libre ya soy aunque no lo creas. -Al momento se sintió engañado y se revolvió incómodo en su asiento. -Sabes el mal que padezco y quiero que le pongas remedio -Gritó furioso-. La anciana sin apartar la mirada de sus ojos como la primera vez que la vió le dijo -En el transcurso de estos días ya he respondido a tu pregunta. -Él entrecerró los ojos desconfiado. La mujer prosiguió -Cada vez que satisfacías una de mis necesidades, te encontrabas mejor porque sin pretenderlo, hacías el bien. Ahora sólo precisas aprender a amar de verdad.

Así fue como desde aquél día compartieron sus vidas, y él dedicó su existencia a remediar el mal que había hecho. Pasados muchos años y siendo muy, muy anciano, sonreía feliz y por fin satisfecho, al recordar a aquella mujer que fue su amiga y le enseñó a querer.

9 comentarios:

  1. QUE BONITO Floren!! Con moraleja y todo. Sí es evidente que algunos no saben que querer a los demás da felicidad, mucha felicidad. Aunque no se trata de querer a “todos”, hay que hacer alguna excepción con alguno que no se lo merece. Pero, por ejemplo los niños te lo agradecen cuando te miran sonriendo, y los menos niños a veces agradecen tu cariño cuando buscan tu compañía.
    Está muy bien que el protagonista del cuento al final tuviera tiempo de conocer la felicidad. Un abrazo Floren ....Y FELIZ CUMPLEAÑOS

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    1. Es cierto que querer a todo el mundo es prácticamente imposible, pues nosotros mismos rechazamos a aquellos que por sus actos no se lo merecen. Hay quienes se escudan en el mal que les rodeó toda su vida para justificar sus malos actos; sin darse cuenta de que llegada la madurez, tú eliges tu comportamiento pues eres capaz de entender lo que está bien o no.
      Graciasssss por estar siempre ahí. Muchos besosossssss

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  2. Bonito cuento como siempre. Muchas gracias. No he averiguado el significado de las letras de fondo de las ilustraciones 😶 y muchas felicidades por el cumple

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    1. Muchas gracias por la felicitación. Las letras en las ilustraciones corresponden al comienzo del párrafo donde se desarrolla la historia que transcurre en cada estación del año.

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    2. Ja ja, mira que no darme cuenta de lo de las letras! Es un bonito recurso tradicional de las ediciones impresas que me encanta. Un atractivo adicional para el texto, maestra

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  3. Hola a tod@s. Las ilustraciones las realicé con lápices de colores y rotulador, además de un toque digital.
    Este mes cumplo años, por eso y porque es una constante en mis ilustraciones, he querido reflejar en ellas el paso del tiempo a través de las estaciones del año. Abrazos para conocid@s y amig@os.

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