No sé si habrán visto "Los otros", 2001, una peli hispano-estadounidense, escrita y dirigida por Alejandro Amenábar, que se desarrolla en la Isla de Jersey, allá por 1945. Si no la han visto, la recomiendo, igual que aconsejo volverla a ver.
Nos situa en el contexto del término de la II guerra mundial. El marido de Grace no vuelve, y ella se encuentra sola en un aislado caserón victoriano, donde educa a sus hijos dentro de rígidas normas religiosas y les impone una regla de oro: mantener la casa en penumbra. Al final, esta orden se romperá. Y para saber más hay que visionarla.
Todos siguen ahí y se pasean por mi cabeza sin control. Unos días vienen y se posan en lo que toco o donde miro, y otros van como a hurtadillas enredados entre mis neuronas, pero siempre laten fieles dentro de mi corazón.
Recuerdo a Cándida con amor. Era prima segunda de mi madre, pero para nosotros, los niños, era tía Cándida. Era de estatura media y guapetona. Nació en la primera década de mil novecientos. Era religiosa y aunque acudía a misa con frecuencia, no era mojigata, y con ella mamá hablaba abiertamente y se reía igual, sin tapujos. Cuando llegaba el santo de papá , siempre le traía galletas y en ocasiones también mantequilla que preparaba ella misma.
No le conocí pareja alguna y vivió siempre a su ritmo, sin sentirse una solterona, que por aquel entonces era lo habitual, hasta que fue tan mayor que tuvo que trasladarse a un piso compartido con otra de sus hermanas. Alcanzó, que yo sepa, los 102 años y totalmente lúcida, y recuerdo que los últimos años, antes de mudarse, subía las tres plantas de la casa familiar, en La Laguna, a cuatro patas para no caerse, pues la escalera era muy empinada y ella habitaba en la buhardilla, en un mini piso muy acogedor, luminoso y lleno de plantas. Amaba su libertad y su independencia. Los últimos años que vivió de manera autónoma, papá le hacía la compra y se la llevaba porque ella ya no podía con las bolsas.
Siempre parecía feliz y siempre mostraba un rostro amable. Era de cultura inquieta y buena lectora. Y se carteaba con sus hermanos que emigraron a Puerto Rico, o se hablaban muy de tiempo en tiempo por teléfono. Y es que antes, las comunicaciones no eran como las de ahora, en la que todo es instantáneo. También disfrutaba calando, haciendo bolillos, ganchillo o bordando. Mamá iba a verla varias veces por semana, y pasaban la tarde entre charla y silencios, acompañadas de un té, mientras trabajaban de forma mecánica sus labores. Algunas veces yo las acompañaba, pero no logro recordar en qué me entretenía, porque por aquel entonces, tendría unos doce años, aún no me había entrado el gusanillo de tejer aunque ya había aprendido a hacerlo, quizá me dedicaba a dibujar pues eso lo hacía a todas horas.
Mi recuerdo en este mes de abril es para ella, por ser una mujer que rompió moldes y estereotipos. Chapó por Cándida.

